27 feb 2013

El Higuerón hace 50 años


¡Un, dos!  ¡Un, dos!  ¡Patata y arroz!  El ardor guerrero lo inoculaba aquel régimen militar.  Por lo tanto, es  normal que así de marcial marchara subiendo alegre las cuestas hacia Medina Azahara el batallón escolar de El Higuerón la primavera feliz de 1963. Una inocente milicia de seis a catorce años que estrenaba colegio y se abría a conocer el mundo. La primera lección que aprendieron de aquellas piedras: “Un pueblo culto creó una ciudad de ensueño; unos bárbaros la destruyeron”.

Hasta ese año, en El Higuerón no había escuelas públicas. Parece increíble: sólo hace 50 años. No pregunté cómo aprendía aquella infancia  a leer, a escribir y los conocimientos básicos para desenvolverse en la vida. Se notaba en las familias que no habían descuidado esfuerzos para salir del analfabetismo. A pesar de las carencias, había alumnos que poseían un nivel de conocimientos muy aceptable. Nunca he visto después en ningún otro lugar tanto entusiasmo por el trabajo de los nuevos maestros.

En diciembre de 1962, se crearon las cuatro escuelas unitarias (las llamadas “microescuelas”): dos de niñas y dos de niños, pues aún se discriminaba (“los niños con los niños; las niñas con las niñas”). La coeducación vino con la democracia. El nombramiento de los cuatro maestros se efectuó a finales de enero del siguiente año. No se pudo realizar el acto de apertura de las clases hasta mediados de febrero. Aún no habían dado el agua, pues tenían que terminar la instalación de un pequeño depósito que dotaría de agua corriente los cuatro servicios de las aulas y los cuatro aseos de las viviendas de los maestros, también “microviviendas”.

La empresa encargada de la instalación del agua pertenecía al señor Roses. ¿Quién era ese señor? Era el Secretario de la Junta Municipal de Enseñanza del Ayuntamiento de Córdoba. El mismo que firmaba los certificados de toma de posesión de cada maestro. O sea “don Juan Palomo, yo me lo guiso y yo me lo como”. Este buen señor fue dejando el asunto del agua sin importarle mucho que el curso se pasara y las escuelas no se abrieran. Lo que hoy llamamos corrupción, entonces eran privilegios de los jefes. Me tuvo yendo a diario durante medio mes a la oficina de “Almacenes Roses”, en avda. del Generalísimo (hoy Ronda de los Tejares) junto a la aún existente farmacia de Carandell, hasta que por fin me anunció que ya estaba todo arreglado.

En El Higuerón nos conocimos los cuatro maestros (mejor dicho, dos maestras y dos maestros): Dª Dolores, Dª Amparo, D. Benjamín y yo, José. Avanzaba ya el mes de febrero, cuando aquella mañana, al abrir las clases por primera vez, acudieron un sinnúmero de familias con sus niños y niñas como acuden puntuales las golondrinas anunciando la primavera. ¿Quién dio la noticia? Eso fue una incógnita. El caso es que allí estaban, con la ilusión de que sus retoños empezaran a disfrutar de lo que entonces ni siquiera se sabía que era su derecho a la educación.

La arquitectura de las aulas era bien simple, pero muy funcional. Constaba de dos módulos unidos en sus extremos en zigzag. Cada módulo estaba formado por dos aulas en línea separadas por dos aseos, retranqueados para dejar un zaguán de acceso, a izquierda y derecha,  a cada aula. Estas eran muy, muy luminosas ya que unas grandes cristaleras corrían a media altura a lo largo de las paredes laterales (como se aprecia en la foto). Enfrente de las aulas, cuyas entradas se orientaban al sur, a unos veinte metros, se alineaban en paralelo con las mismas las viviendas de los maestros, que, al menos durante los restantes meses de aquel curso, no se ocuparon. Entre ambas construcciones quedaba un espacio abierto de campo salvaje. Era el patio de recreo que, en pocos días y gracias a los juegos infantiles, quedó tan perfectamente alisado como la cabeza de un calvo, aunque se embarrara de cuando en cuando con las lluvias. El borde al este del campo lo delimitaba el pequeño depósito del agua y algunos arbolitos que creo recordar que plantamos. El borde de poniente lo marcaba la vereda de acceso desde la carretera que se adentra en la barriada. Así quedaba enmarcado el espacio de las escuelas, las viviendas y el campo de recreo, de unos mil metros cuadrados, situado a la izquierda de la mencionada carretera según se viene de la de Palma, lejos aún de las primeras viviendas del barrio que bordeaba alguna huerta.

11 feb 2013

El carnaval de los perversos


Las máscaras ocultan la podredumbre de los perversos. La maldad compulsiva de ciertos gobernantes que nos hemos dado la estamos sufriendo con dolor, lágrimas y sangre. Cegados por la embriaguez del poder y el dinero endurecen sus sentimientos y amordazan sus conciencias. Sus vidas y sus conductas se instalan en ese par dialéctico: el poder propicia la riqueza; la riqueza consolida el poder. ¿Por qué no se imponen los políticos justos por encima de los poderes fácticos?

Aún no nos hemos repuesto de la muerte inducida de un buen hombre acosado por la injusticia de una ley inhumana  ¾que con la complicidad de la mayoría parlamentaria permite que la banca entre a degüeyo contra los más vulnerables ciudadanos¾ :Fran Lema Bretón, nuestro paisano, otra víctima que ha pagado con su vida los efectos de la siniestra Ley Hipotecaria. Que no se borre de nuestra memoria su pérdida ni el dolor de su esposa e hija. 

¿Qué podemos hacer los ciudadanos para cambiar estas políticas de la corrupción y del desastre? ¾nos venimos preguntando con insistencia¾. Convencernos de que hay alternativas, conocerlas y tener voluntad para plantarnos, organizarnos y exigírselas a los futuros gobernantes para que gobiernen sin máscaras. Solo mediante la transparencia radical es posible cambiar el sistema. La resignación equivaldría al suicidio social. Pero, ¿es posible quitarle la máscara a los perversos? Muchas veces, el pueblo unido lo ha conseguido de forma pacífica. Últimamente, algo se viene moviendo entre los ciudadanos más comprometidos, en España y en el resto del mundo. Aunque sería deseable que ese gran movimiento de presión social fuera compartido por los ciudadanos de los países de la UE para forzar el cambio de la errónea e ineficaz política actual dictada desde Bruselas.

A partir de la provisional propuesta del borrador ¾cuyo contenido he considerado conveniente ampliar¾ del Programa-Decálogo del Frente Cívico (un movimiento apartidista sin pretensión de gobernar, sino de conseguir una gran mayoría, un contrapoder que, desde el conocimiento de la nefasta realidad, presione al poder para llegar a cambiarla), planteo el siguiente Programa con la intención de, al menos, hacer pensar cómo se podría exigir de modo persistente y pacífico, en los medios, en la calle y en las urnas, una política alternativa posible más justa. Estos son los diez puntos ¾que no coincidirán con los que finalmente aprueben las asambleas del Frente Cívico¾ de mi personal modo de plantear el programa:

1. Salario Mínimo Interprofesional (SMI) de 1.000 euros al mes. Ninguna pensión por debajo del SMI. Aproximación de la prestación por desempleo al SMI. Planteamiento de la Renta Básica en situación de carencia.
2. Reforma Fiscal: progresividad, persecución del fraude fiscal, la economía sumergida y los paraísos fiscales. Revisión de la legislación sobre las Sociedades de Inversión de Capital Variable (SICAV). Dotar de infraestructura de todo tipo a la Inspección de Fiscal de la Hacienda Pública. Supresión de los privilegios fiscales de la Iglesia y otras instituciones.
3. Banca pública como corolario de la nacionalización de la banca privada y las cajas de ahorros. Reforma de la Ley Hipotecaria. Derecho universal a la vivienda.
4. Nacionalización de los sectores estratégicos de la economía y regularización de los sectores que provocan vulnerabilidad social. Ley sobre la Obsolescencia programada. Iniciativa estatal en investigación, desarrollo e innovación de energías limpias. Estricta legislación medioambiental.
5. Desarrollo de los contenidos de los Títulos Preliminar y VII de la Constitución. Supresión de la referencia a la Iglesia Católica (Art. 16.3). Restauración del Artículo 135. Cumplimiento del espíritu y la letra de la Carta Magna. Efectiva separación de poderes.
6. Control y democratización de los canales de distribución y comercialización del sector primario de la economía a fin de evitar situaciones de oligopolio que inciden negativamente sobre los precios pagados a los productores y sobre los precios pagados por los consumidores. Socialización del uso de la tierra.
7. Educación pública universal, de calidad, gratuita y laica. Educación democrática del ciudadano. Efectiva separación entre las iglesias y el Estado. Desarrollo de instrumentos conducentes a la inserción laboral juvenil.
8. Reforma del Sistema Electoral en el sentido de implantar otro proporcional, con las Comunidades Autónomas como circunscripción y un colegio nacional de restos tratando de que se cumpla “un ciudadano, un voto”. Ley de transparencia de la financiación de los partidos políticos.
9. Defensa y mejora de la Sanidad pública gratuita y universal con inclusión de los inmigrantes. Desarrollo de la investigación biomédica de vanguardia.
10. Defensa de las libertades civiles y participación ciudadana democrática en todos los niveles de la política. Posibilitar la recuperación de la voluntad, la voz y el voto del pueblo soberano ante el flagrante incumplimiento de los programas electorales. Perseguir  la corrupción.


27 ene 2013

Latrogenocidio (y 2)


En artículos anteriores se viene insistiendo en que estas políticas que estamos padeciendo, que acaban colonizando países y esclavizando a ciudadanos, y tienden a acabar siendo latrogenocidas, obedecen a una ideología neocon o neoliberal. Sin dejar de ser esto cierto, una reflexión más profunda nos sugiere otra realidad: la globalización de una conciencia amoral que, desde cualquier poder, impregna las acciones políticas, económicas y sociales, deshumanizando las relaciones de las personas y alejándonos del respeto de los derechos humanos. 

Es también evidente el fracaso del socialismo y otros “ismos”, que –como ocurre con el cristianismo y otras doctrinas e ideologías– se degenera en la práctica casi desde sus orígenes y aplican las mismas estrategias de dominio y desigualdad que los defensores del codicioso sistema capitalista. Los representantes de la ciudadanía acaban usando el poder para legislar y gobernar en beneficio propio y de los de arriba. Un ejemplo más de depravación lo acaba de dar el actual gobierno que prepara una ley para permitir que personajes condenados por delitos puedan dirigir sin ningún problema entidades financieras. ¿Puede haber ciudadanos que soporten estas granujadas tan contentos?

La pregunta clave puede ser: ¿Qué posibilidades tiene el ciudadano para cambiar la situación? El panorama político que ofrecen los partidos es desalentador, porque se alternan en los gobiernos sin cumplir lo prometido en sus programas electorales y, lo que es peor, violan los derechos individuales que proclama la Constitución, utilizan el Estado en su provecho y usan el sistema democrático para legitimarse cada cuatro años. Por lo tanto, ¿sería posible forzar el cambio para restituir el Estado de Derecho? ¿Cómo? ¿Puede el ciudadano engañado cambiar su mentalidad de sumisión del esclavo por una actitud de rebeldía ante la situación ilegítima en que incurre el poder? ¿Se podrán unir cuantas más voluntades mejor para proponer y exigir a través del voto mayoritario un programa justo que refuerce la democracia y tienda a conseguir que se respete la Constitución y los Derechos Humanos? ¿Podría asumir algún partido el compromiso de cumplir dicho programa? ¿Podría, con todas las garantías, recibir el voto de esa mayoría para conseguir un nuevo poder político que estuviera siempre sometido a la vigilancia del pueblo soberano?

Como el actual criterio contrapuesto de los votantes no parece que vaya a cambiar la situación, no habrá solución si una inmensa mayoría de ciudadanos críticos con la deriva del sistema no alcanzan unidos un gran poder democrático –pacífico y mantenido con presión y control permanente– mayor que el de los lobbys que dominan el poder económico mundial. Con ese poder, reflejado en el voto selectivo, ¿el compromiso con los ciudadanos sería burlado tan fácilmente?

Si los ciudadanos comprometidos asumieran el control de su futuro, se podría evitar que, en situaciones insoportables de extrema necesidad, estallara un conflicto social de incalculables proporciones. La historia muestra muchos ejemplos de trágicos acontecimientos en los que siempre acaban siendo las víctimas los más débiles. En otro sentido, la ciudadanía con menos conciencia social, en estas situaciones de crisis, es muy vulnerable a los “cantos de sirena” que le puede llegar de los salvadores de patrias, enemigos de la democracia, como ya ocurre en Grecia, otra víctima de la crisis, con el partido fascista –¡qué maravillosa trampa!– Amanecer Dorado.

En la próxima entrada intentaremos ver si es posible ponerle el cascabel al gato.

12 ene 2013

Latrogenocidio (1)


Los gobiernos democráticos se deben a los ciudadanos, que mediante sufragio universal les dieron el poder para que gobernaran en beneficio del interés general. Para cumplir el mandato disponen de los recursos que le proporcionan los impuestos de todos. El mandato constitucional obliga a que los impuestos sean progresivos, es decir que el que más ingresos tiene pague más, según tramos de porcentajes progresivos.

Hasta aquí todo parece justo y claro. Lo que ocurre es que en la práctica los gobiernos se confabulan o se pliegan a las presiones de los poderosos o comparten sus intereses y se impone la voluntad de los lobbys en perjuicio del interés general. La Constitución y la voluntad popular quedan vulneradas. Este engaño se hace realidad en la inflación de consejeros públicos, en los frecuentes casos de corrupción, en el nepotismo, en el clientelismo, en los tratos preferentes a la banca, a las eléctricas, a las petroleras, a la inversión especulativa, que en tiempos de crisis siguen aumentando sus beneficios a costa del sacrificio de los que menos tienen; son amnistiados defraudadores y delincuentes poderosos; se desentienden de la regulación de su actividad económica o se legisla a su favor en contra del pueblo – que deja de ser soberano–, por lo que legalizan una práctica política que es ilegítima, por inmoral y nada ética. Se dice que actúan al revés que los bandoleros del siglo XIX, porque roban a los pobres para dárselo a los ricos: el Estado cede poder ante los intereses de la empresa privada y de los mercados debilitando el poder de la ciudadanía que es obligada a soportar grandes sacrificios atentando contra los derechos individuales que proclama la Constitución, osando corromper los fundamentos de la Democracia.

Muchas personas, como consecuencia de estas políticas, se ven en la pobreza, son desahuciadas de sus viviendas, están en el paro y sin protección por desempleo, no pueden pagar sus tratamientos, ven reducidas sus pensiones, pierden aceleradamente poder adquisitivo, la juventud no tiene claro su futuro y se llega al límite de la desesperación. Cada vez, desgraciadamente, se dan más casos de suicidio, de muertes prematuras en los casos graves de dependencia no atendida, de extrema pobreza o de depresiones profundas. Y los gobernantes no quieren aceptar que son ellos los responsables, directos o indirectos, del robo y de los homicidios, que no sucederían si las leyes que aprueban fueran dirigidas a procurar el bien común.
¿Procede llamar a esta forma de hacer política “latrogenocidio”? Lo justo sería que fuera castigada por leyes –que tendrían que haber sido promulgadas desarrollando los artículos constitucionales que protegen los derechos de los ciudadanos y prohíben la especulación–, cuando los gobiernos incumplen el espíritu y la letra de la Carta Magna.

31 dic 2012

¿Cristianismo vs. socialismo?



La fraternidad es un valor universal común a muchas creencias e ideologías; cómo no, también al cristianismo y al socialismo, así como los principios de igualdad, compasión, solidaridad; incluso la “teología de la liberación” aboga por luchar por la justicia social. Así que se propaga una injusta verdad a medias: Si ayudas a un pobre, te comportas como un cristiano. Si preguntas por qué hay pobres, te comportas como un socialista.
Existe también un principio ético común que consiste en el respeto al otro para ser respetado. Sus raíces son ancestrales y se transmite en la tradición convirtiéndose en un principio espiritual que podemos considerar universal. Veamos algunos ejemplos:
 “Todo lo que queréis que os hagan los hombres, hacédselo vosotros también a ellos” (Mateo). “Lo que no desees para ti no se lo hagas a los demás” (Confucio). “¿Cómo puedo hacer a otro algo que no deben hacerme a mí?” (Budismo). “Desea para los hombres lo que deseas para ti mismo, así serás musulmán” (Mahoma). En una línea similar, Vivekananda pregona desde el hinduismo: “Nosotros no sólo creemos en la tolerancia universal, sino que pensamos que todas las religiones son verdaderas” –buena lección de tolerancia desde el relativismo–. Séneca nos sentencia: “Debes vivir para el otro si quieres vivir para ti”. Y Gandhi propaga este hermoso principio: “El Ganges de los derechos nace en el Himalaya de los deberes”.
Algunos principios cristianos:
Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras. Ponte de acuerdo con tu adversario pronto. Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede. No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan… Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano. El que dice que ama a Dios y desprecia al hermano es un mentiroso.
Algunos principios socialistas:
Libertad, igualdad y solidaridad. Ética social. Conciencia de las situaciones de injusticia. Superación de las desigualdades sociales. Afirmación de la dignidad de todas las personas. Defensa de los derechos universales materiales y espirituales.
Algunos principios de la Teología de la Liberación:
Liberación de la esclavitud y la pobreza. Compasión y compromiso por el que sufre. Ayudar a conocer y superar la propia situación de injusticia de los pueblos oprimidos. Recuperar la dignidad a través de la educación y la defensa de los derechos.


Algunas acciones del poder en los años ochenta (Reagan, Tacher y Juan Pablo II, como jefe del Estado Vaticano):

Identificar Teología de la Liberación con comunismo/socialismo. Censurar que el cristiano intervenga para cambiar las situaciones de injusticia mantenidas por los estados. Perseguir y condenar, especialmente en América Latina, la “Teología de la Liberación”. Intervenir o apoyar la intervención militar para mantener a dictadores partidarios de sus planes políticos, económicos o religiosos.

10 dic 2012

Hace 64 años



El capitalismo va en la actualidad en sentido contrario a lo proclamado el 10 de diciembre de 1948 en la Carta de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Esos derechos han sido convertidos en una mercancía. Quien no tenga dinero, tendrá cada vez más difícil en el futuro el acceso a los derechos básicos: educación, sanidad, empleo, vivienda y demás prestaciones sociales. En lugar de procurar que los países menos desarrollados se acerquen al estado de bienestar del primer mundo, se está consiguiendo que este nuestro mundo retroceda al encuentro de los países más pobres. Están tratando de convertir los estados en megamercados en donde el ciudadano es valorado como un mero cliente.
Los derechos humanos están dejando de ser la meta de las políticas sociales. Lo prioritario del estado en el capitalismo es incrementar el capital de bancos y grandes oligopolios y garantizar con el dinero de los impuestos –que burlan los ricos– el pago de la deuda que contraen en sus jugosos negocios. Para asegurar este pago, hasta la Constitución se reforma –se asalta– sin ningún problema (artículo 135).
Se dice que se están poniendo las bases para que a medio plazo se produzca la reactivación económica y la salida de la crisis. Eso es radicalmente falso porque, al menos, se van a producir dos graves efectos: uno, la miseria de muchos millones de personas; y otro, la implantación para muchos años de un sistema opresivo y de ruina económica para las clases bajas y medias con el consiguiente fracaso de las jóvenes generaciones mejor preparadas de nuestra historia. La vida que les espera va a ser muy dura.


Para confirmar el desprecio por los Derechos Humanos, basta con echar una ojeada a algunos de los artículos de la Carta:

Artículo 1: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.
Artículo 2.1: “Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

Por si alguien cree que esto se cumple, veamos otros:

Artículo 23.1: “Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo.
Artículo 25.1: Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad.

Las políticas actuales -librémonos del chantaje de la crisis- ¿de verdad se orientan por estos principios? ¿No está claro que de forma brutal nos vienen cambiando el rumbo en los últimos años? Lo peor es que aún seguimos dudando de lo que ocurre y así no es posible el cambio.

Ver los 30 artículos de la Declaración Universal de los DerechosHumanos.

28 oct 2012

¿Dónde está la salida?


¿Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades? Es decir, ¿hemos gastado más de lo que ganamos? ¿Nos endeudamos cada vez más para pagar lo que debemos? ¿Somos de los que hemos comprado para invertir (por ejemplo, una vivienda) en tiempos en los que vender después era un gran negocio porque pagábamos el crédito y además obteníamos beneficios? ¿Creíamos que esto no se acabaría nunca? Si no lo creíamos, pocos renunciaron a dejar este juego, hasta que llega un momento de pánico y los acreedores temiendo no cobrar la deuda cierran el grifo de los créditos. Y aparece el calvario de la deuda y la parálisis de la economía y los despidos y los desahucios...

Cuando personas, y sobre todo grandes empresas, bancos y Estados llegan a este punto, el resultado es lo que los expertos llaman apalancamiento; lo que en el entorno americano llaman el “momento del Coyote Vil”, es decir cuando el personaje de dibujos animados se da cuenta de que está suspendido en el aire y cae de repente; es lo que desgraciadamente todos estamos conociendo como la burbuja financiera o inmobiliaria; cuando se pincha, el sistema entero parece venirse abajo. El gran carrusel gira cada vez más deprisa hasta que los débiles son centrifugados del sistema y lo pierden todo; los fuertes, que ya se embolsaron pingües beneficios en tiempos de las vacas gordas,  son rescatados en los malos tiempos por el Estado, es decir con los impuestos de los ciudadanos que cada vez se empobrecen más por la complicidad y el engaño de los gobiernos.

Eso es lo que está pasando. Cuando todo parece ir bien, creemos que siempre irá bien o al menos eso es lo que nos han hecho creer los que nos concedían hipotecas alegremente. Bueno, esas alegrías hay que pagarlas ahora. Pero, ¿quiénes las estamos pagando? Los que somos menos o nada culpables: los desahuciados, los ciudadanos menos pudientes y las pequeñas empresas. En cambio, los grandes instigadores del consumo desenfrenado (multinacionales  y grandes bancos acreedores) ven recompensado su bandidaje legal con el dinero que los Estados nos sacan a través de los impuestos, desatendiendo y recortando sin medida los sueldos y los gastos sociales.

Lo que puede interesar de todo esto y de las realidades que analizábamos en el artículo anterior es confirmar que el poder económico mundial nos va engolosinando a través de una publicidad engañosa e insistente con el señuelo del consumo facilitado por créditos ventajosos hasta hacernos creer que vivimos en el mejor de los mundos posibles sin percibir que la deuda que acumula el sistema crea una enorme burbuja que nos va engullendo poco a poco hasta que estalla en nuestras narices y sobreviene la crisis. A partir de ese momento comienza lo peor: La doctrina del capitalismo del desastre, aprovecha estos momentos de shock, que casi siempre alimentan los políticos y siempre son consecuencia de las crisis cíclicas que provoca el propio sistema del capitalismo salvaje, para dar una vuelta de tuerca más en perjuicio siempre de los de abajo que pierden súbitamente, como en el más voraz de los casinos, los recursos básicos para sobrevivir y los derechos adquiridos tras años de lucha.

Sin un consumo sensato, sin el desenmascaramiento de las actuales políticas del desastre y sin el voto consciente de los ciudadanos para exigir políticas de justicia social, nos seguirán llevando a una mayor degradación de las democracias –en el caso español, enferma de nacimiento– y a un agravamiento de la desigualdad.

14 oct 2012

Las políticas del desastre


El poder del voto se pervierte si el ciudadano no castiga los incumplimientos de los programas electorales. De ahí la importancia de conocer a fondo las verdaderas intenciones de la acción política. A ello vamos a dedicar la presente entrada.

El trabajo, controvertido pero documentado, de la periodista canadiense Naomi Klein sobre las políticas económicas inspiradas en la doctrina de la Escuela de Chicago es un buen referente para reflexionar sobre las causas de la crisis actual.

El psiquiatra Ewans Cameron desarrolló en Montreal una técnica agresiva para “vaciar el cerebro” de sus pacientes mediante la aplicación de electro-shock y de este modo modificar su conducta. Al mismo tiempo, el Nobel de economía Milton Friedman, de modo paralelo, orientó a los jóvenes de la Escuela de Chicago (Chicago Boys) con la idea de que ciertos acontecimientos (guerras, crisis económicas, catástrofes, estados de emergencia, golpes de Estado, dictaduras represivas…), provocados o no para ese fin, producirían un efecto similar al electro-shock. Unos ciudadanos poseídos por el miedo y en estado de shock económico aceptarían con escasa conflictividad el control del déficit público, la desregulación capitalista, las privatizaciones… con el argumento de que aumentarían el desarrollo económico y el bienestar general. Es la doctrina que se viene aplicando en todo occidente desde los años setenta. Las consecuencias ya las conocemos: el enriquecimiento progresivo de una minoría que controla el poder y el empobrecimiento radical de la mayoría.

En el artículo anterior adelantábamos cómo la Escuela de Chicago logró imponer su dogma económico neocon en la política del G.H. El primer ensayo en el exterior se cebó con el país chileno al comenzar la década de los setenta. El creciente apoyo popular que adquirió Allende hizo reaccionar al G.H. por temor a la expansión del marxismo y porque las nacionalizaciones de empresas, como las mineras Anaconda y Kennecott, perjudicarían sus intereses en Chile.

Después del apoyo de la CIA al golpe de estado de 1973, la visita de Kissinger y Friedman propició que jóvenes chilenos de la era Pinochet fueran formados en la Escuela de Chicago. El trauma y el pánico que provocó la sangrienta represión contra la población facilitó la aplicación de sus políticas: El Estado al servicio de la oligarquía,  libre mercado, privatización de lo público, desactivación de la lucha sindical, supresión de la negociación colectiva, del sueldo mínimo y de la protección social, descontrol del sistema económico financiero, reducción de los impuestos a las grandes fortunas, recorte de libertades civiles y envilecimiento de la legislación en materia de orden público y del aparato represor para “combatir el marxismo” y anular por el miedo la reacción de los ciudadanos contrarios a estas políticas.

Un aparente progreso llevó finalmente al desastre económico de 1982. Cuando Pinochet quiso deshacerse de su equipo de asesores neoliberales ya era tarde. El propio Nixon, al aplicar la misma doctrina, fracasó en su primer mandato, por lo que dio la espalda a Friedman y aplicó políticas económicas en la línea keynesiana del New Deal. Logró su segundo mandato, aunque el gasto militar, la guerra de Vietnam y finalmente el caso Watergate paró el proceso de mejora de la economía y creció la deuda, la inflación y el paro.

La terapia se aplicó también en Argentina. Al final de los setenta, con Carter presidente, el G.H. apoyó el golpe y la política de exterminio del presidente Videla que llevó la crueldad contra los opositores al régimen, tildados de marxistas, más allá incluso que Pinochet. Aprovechando el estado de shock de los argentinos, ¿qué política se aplicó? Exacto, Kissinger recetó las políticas de los Chicago Boys y condujo al país argentino a la economía de la especulación, la inflación, el desempleo y la parálisis económica.

28 sept 2012

El cáncer de los tiempos


Todo ser vivo lucha por dominar el medio para perdurar como individuo y como especie.  El ser humano ha llevado ese instinto de lucha más allá de la supervivencia; se ve impulsado por la codicia para dominar el mundo y a sus congéneres: es un cáncer social –con la guerra como su expresión más cruel– que ha ido corroyendo la convivencia frente a los que pretenden la humanización de la especie.

Belicistas frente a pacifistas; conservadores frente a conservacionistas; el bienestar de las élites frente al bien común; el poder oligárquico frente al poder ciudadano; el derecho a la propiedad privada antepuesto a los derechos humanos; la educación con el ideario de los privilegiados frente a la educación cívica; plutocracia frente a democracia.

En el mundo de las creencias religiosas se da la misma bipolarización: teología ortodoxa frente a teología de la liberación; fanatismo frente a espiritualidad humanizante… El poder religioso se hace patente en la posesión de un importante patrimonio material y en una eficaz influencia en las decisiones políticas y en los modelos sociales. Coexisten en contradicción creyentes ricos y creyentes pobres.

Los políticos, cuando convierten a los Estados en defensores de los intereses de los poderosos mientras explotan y reprimen a los ciudadanos, prostituyen su función y pierden toda la legitimidad que las leyes democráticas les otorgan. Pierden su condición de demócratas y se convierten en tiranos: modifican las leyes a su favor con el fin de proveerse de un recurso eficaz para utilizar la información como propaganda para engañar al pueblo y reprimir a quienes se opongan a sus políticas. Se transfieren los recursos económicos del Estado, que los ciudadanos aportan a través de los impuestos y sacrificios extremos e injustos, hacia los bolsillos de bancos, oligopolios y grandes empresas.

Frente a esto, los ciudadanos tienen el derecho y el deber de expulsar a los tiranos del poder. ¿Cómo? La presión de la mayoría de los ciudadanos puede mover montañas. No voy a señalar ningún movimiento porque la experiencia dice que los prejuicios de muchos no van a dejar ver la neutralidad y el sentido común, paralelo al sufrimiento común, que anima a algunos de los colectivos que promueven la reacción de un frente cívico de mayorías. Quien quiera entender que entienda y arrime el hombro.

3 sept 2012

¿Qué pasa ahí arriba?



Amigo, ¿no lo estás viendo? Compañero, ¿es que no lo ves? Vecino, ¿no te estás dando cuenta? ¿Qué tiene que pasar para que todos los que están siendo “jodidos” por las políticas que favorecen a los de arriba reaccionen o al menos dejen de apoyarlas? ¿Es ceguera crónica? ¿Fanatismo? ¿Ideología? ¿“Pensamiento visceral”?

¿No lo veis? Les da igual que la crisis se profundice, que el paro siga creciendo, que el hambre se apodere de más de la quinta parte de la población, que se recorten servicios sociales y los ya exiguos sueldos de los trabajadores para costear los desmanes de los banqueros, que la democracia se desactive, que se burle la Constitución, que el Estado recule ante los intereses de la empresa privada... Todo eso, no solo parece no importarles a los que nos gobiernan sino que están demostrando que es la esencia de su dogma neocon, aplicado con alevosía por el otrora ¿socialdemócrata? ZP e impuesto a fondo y con vileza por el gris MR, siempre con la misma cantinela de que no hay otra alternativa –¡sí, la hay!,– que si Bruselas, que si los mercados... de espaldas al interés general de los ciudadanos. Es el método ladino, injusto e inhumano con el que, ante esta infernal crisis que ellos nos han provocado, los políticos occidentales de las últimas hornadas se confabulan y alían con la oligarquía global para allanarle –allanarse– el camino del poder económico absoluto, festín al que se incorporan, al compás de música sacra, durante y tras su actividad política. Todo, por supuesto, dentro de la legalidad que ellos mismos se hacen a la medida.

Pero no hay que preocuparse porque el actual gobierno va a poner coto a tal desmán y no va a permitir que los banqueros ganen más de 500.000 euros, aunque las pasen canutas para llegar a fin de mes. Aún así, los ciudadanos no satisfechos con esto pueden preguntarse ¿en qué hucha guardan los amos del mundo el botín sustraído y que dicen que equivale a los presupuestos de Estados Unidos y Japón juntos (21 billones de dólares, como mínimo)?  Sí, sí, donde estáis pensando: en los paraísos fiscales que hay fuera y dentro de casa sin contribuir con un solo céntimo a sacarnos de este infierno en el que nos han metido.

¿Que no todos los políticos contribuyen a este atraco? ¡Puede ser! Hay bellos discursos pero, por sus hechos (y por sus corbatas; mirad la foto) los conoceréis. Si es que estamos dispuestos a conocer qué está pasando ahí arriba, naturalmente. Y si después, dando un paso más allá, fuéramos capaces de plantarnos, provocar la ruptura de este sistema impuesto con engaño y exigir que surjan alternativas creíbles y justas, por supuesto.

20 ago 2012

Encrucijada histórica




Aquel 12 de mayo de 2010 pudo cambiar el rumbo de nuestra historia. Faltaron “riles” y decencia para decir escuetamente: “Yo, Presidente del Gobierno de España, ante la exigencia de unas reformas erróneas e injustas que los poderes económicos financieros imponen sobre nuestro país a través de Bruselas, poniendo en riesgo nuestra democracia e independencia, por no traicionar la voluntad de los ciudadanos que pusieron su confianza en mi programa, presento mi dimisión”. Y, consecuentemente, disolver las Cortes y convocar elecciones.

¿Qué consecuencias hubiera tenido esa demostración de coherencia y honradez política? ¿En el electorado? ¿En la “clase política”? ¿En Bruselas? ¿En Alemania? ¿En los países ricos del Norte? ¿En los empobrecidos del Sur por el saqueo de los del Norte? ¿En la actitud del G.H.? ¿En la opinión pública mundial? ¿En los movimientos de ciudadanos rebeldes? ¿En la credibilidad del propio socialismo? ¿Hubiera sido un suicidio nacional o empezar un nuevo rumbo  contra viento y marea?

Este tiempo deshumanizado, desquiciado y duro que vivimos exige decencia, sensatez, solidaridad pero, sobre todo, la presencia de políticos firmes y decididos que se atrevan a ponerse del lado del pueblo engañado.

Cambiando personajes, pero ante más despotismo y en circunstancias mucho más críticas, Andalucía tiene ante sí la misma encrucijada histórica de someterse o rebelarse. ¿Merecería la pena rebelarnos y retroceder voluntariamente unos cuantos años para empezar un proyecto colectivo nuevo en nuestro propio beneficio o aceptar sumisos las injusticias que nos harán retroceder engañados esos o más años en beneficio de los poderosos que nos dominan? Como llegará el día en que, para capear el desastre ecológico global, nos veremos obligados a practicar una economía del decrecimiento, ¿podríamos aprovechar la ocasión de ofrecer a las demás Comunidades el ejemplo de una salida digna de la crisis? Decrecer, desglobalizar y compartir cuanto podamos es una exigencia para el futuro. Está bien claro que  emprender este camino es mucho más duro que adaptarse al devenir, por muy suicida que este sea, y aunque nos estén amenazando con negarnos los recursos que estatutariamente nos corresponden.

¿Tiene Andalucía recursos propios suficientes para tirar para adelante? Una economía más basada en el trabajo artesanal, sin olvidar la alta tecnología, ¿no humanizaría más la vida de los andaluces? Agricultura y ganadería colectivizadas –ya cité el ejemplo de Marinaleda–, socialización de la tierra, industria ecológica agroalimentaria de alto rendimiento, pesca y piscifactorías sostenibles, banca pública autonómica que aporte créditos que incentiven la actividad económica, proteja el ahorro e impida la especulación, fondo de garantía solidaria, fiscalidad progresiva e independiente, mercado interior y sistema de exportación e importación regulado desde el punto de vista económico y ecológico, energías limpias, atenuación de la huella ecológica, desarrollo tecnológico, cultura y mantenimiento del patrimonio y de los ecosistemas, turismo, servicios y administración, actividad artesanal y técnica de gran nivel profesional en todas las ramas (carpintería, fontanería, electricidad, mecánica, construcción, panadería, restauración, reparación de todo tipo de artefactos, evitando el “usar y tirar” que impone la “obsolescencia programada”…).

31 jul 2012

El Gigante Hambriento


Desde la particular opinión de un indignado más, observo con decepción que, al igual que en un patio de vecinos, los políticos se culpan unos a otros de ser los causantes de la crisis, como es el caso de España, sin que dejemos de tener razones para criticarlos, porque vendieron su alma al diablo. Lo grave no es discutir si son “galgos o podencos”, sino que deseen ignorar su origen y su voluntad de ocultarlo. ¿Conocemos que nuestro país, así como la mayoría de las “democracias” occidentales (sobre todo Europa), lleva muchos años haciendo política de rodillas y obligando al ciudadano a vivir arrodillado? ¿Aún no notamos que nuestra Constitución es papel mojado porque vivimos bajo un régimen colonial?: Si el Gigante Hambriento tose, sus satélites ingresan en Urgencias; de él dependemos.



El Gigante Hambriento  (G.H.) se constituye desde su origen, caso único, como “Un  Imperio-niño” (así lo llamó su fundador G.W.) que tiene que crecer a costa de apropiarse del territorio que necesite para su expansión y dominar militar y económicamente a quienes se opongan  (siguiendo el patrón histórico de todos los sistemas imperialistas). El puritanismo de los colonos fundadores les impelía a creer y propagar la idea de que los propios indios y en general los demás pueblos del planeta ansiaban ser rescatados de su ignorancia y alcanzar la libertad aunque, paradójicamente, se impusiera la necesidad de ser dominados o exterminados.

 

Sobre esto escribe Chomsky en El Imperialismo salvaje de los…: <<“Alrededor de los años veinte del siglo XIX, un juez del tribunal supremo escribió sobre esta cuestión. Decía que era un tanto extraño que a pesar de todo nuestro altruismo y nuestro amor por los indios, estos se agostaran y se dispersaran como “las hojas de otoño”. ¿Cómo era posible? Añadía que la divina voluntad de la providencia “trasciende la comprensión humana”. Es la voluntad de Dios. No podemos aspirar a entenderla. Esa concepción  –llamada providencialismo–  consistente en pensar que obedecemos invariablemente la voluntad de Dios ha llegado hasta el presente. Hagamos lo que hagamos, estamos obedeciendo la voluntad de Dios.”>> ¿No suenan estas palabras a las de Bush cuando decidió invadir Irak?



¿Qué relación guarda esto con la crisis que mencionábamos al 
principio? Desde 1933 (comienzo de la regulación para evitar el estallido de otra burbuja bancaria como la de la Gran Depresión) hasta finales de la década de los setenta, el G.H. vivió su “época dorada del capitalismo” de Estado. Esto supuso, con la regulación de los mercados especulativos, un cierto avance de los derechos sociales, que coincidieron con la creación del estado del bienestar en la Europa socialdemócrata. Esta política estatal impidió la aparición de otra burbuja financiera hasta que en los años ochenta comienza un giro radical en las políticas económicas del G.H y de G.B.: Con el apoyo a la banca “a la japonesa” (si la banca pierde el contribuyente paga) y la desregulación del mercado de las finanzas (que se reafirma durante el mandato de Clinton y sucesivos presidentes hasta nuestros días), las rentas del capital irán superando a las rentas del trabajo. Esto quiere decir que la economía productiva, la real, va siendo desplazada por la economía financiera, la especulativa, la del encumbramiento de una clase de ricos que van a acumular más riqueza y poder con la gran burbuja de las finanzas, los seguros, los fondos de inversión, los negocios inmobiliarios, las hipotecas basura, lo que le proporcionaba el dominio sobre los mercados, la banca y el poder político, con el empobrecimiento progresivo de las clases menos afortunadas. Se implanta una especie de gigantesca mafia legal en que los programas liberales del Estado y los intereses de las grandes empresas de las finanzas tienden a confundirse. Es la llamada, erróneamente,  “segunda edad dorada”. El sistema también “entusiasmó”  a Europa.

Pertrechada la oligarquía con tanto poder económico, costean las campañas de los que van a gobernar el G.H., los senadores, los congresistas, los legisladores… Así, El Imperio-niño se convirtió en el G.H. en el que sus gobernantes están comprometidos y se identifican con los intereses y la codicia del uno por ciento de la población superrrica que necesita extender los tentáculos de su imperio económico al resto de los países. La deuda pública de los países dependientes del G.H. y las materias primas y energéticas ajenas son el gran botín que hay que aprovechar para aliviar la enorme deuda que crea la política exterior y de defensa del G.H. (centenares de bases militares, ocupación geoestratégica y alianzas de dominio), sin la cual el destino divino de controlar el mundo para “imponer la libertad de los pueblos” y defenderlos de los  comunistas ateos (“durante la guerra fría”), enemigos de la libertad,  y de los terroristas del “eje del mal” (tras la caída del muro de Berlín), sería imposible.


      
                                                   
Los técnicos de las finanzas van a manejar el poder político y económico mundial desde Wall Street (también desde la City). Para hacer frente a la deuda pública galopante del G.H. existen instrumentos muy poderosos con los que se persigue traspasar parte de los efectos de la deuda propia a los países de su influencia. Esos instrumentos son: 1. El control sobre el sistema monetario mundial (la Reserva Federal con la “maquinita de hacer dinero” le permite comprar, a través de la banca, su deuda pública y evitar que se especule con ella, al mismo tiempo que se ve reducida la deuda exterior). 2. El control sobre los mercados de deuda y derivados (las Agencias de calificación, que se identifican con los intereses de G.H., señalan con el mayor descaro los países que están en peor situación para iniciar el asalto a su deuda pública provocando su saqueo y la necesidad de recortar los presupuestos para equilibrar el déficit sin tocar las grandes fortunas de las que las oligarquías de G.H. forman parte a través de la gran banca y las empresas multinacionales; resulta sospechoso que, por el contrario, agencias independientes den la misma calificación a G.H. a Gran Bretaña y a España). 3. El Fondo Monetario Internacional que, favoreciendo los intereses de quien manda, ha provocado la quiebra de países en beneficio del G.H. (No estaría de más leer “Por el bien del Imperio”, de Josep Fontana; “El malestar en la globalización”, de Joseph Stiglitz; “Acabad ya con esta crisis”, de Paul Krugman; alguno de los artículos de Noam Chomsky, o de otros autores, como Vicenç Navarro, por ejemplo).

15 jul 2012

El bien común

“Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general” (Constitución Española, artículo 128).

El esfuerzo histórico por conseguir alcanzar el bien común se enfrenta con la realidad de la situación actual en que se intensifica el dominio del sistema de privilegios sociales y económicos. La crisis que nos angustia a la mayoría, provocada por la codicia de los que dominan el mercado global, está siendo aprovechada para desmantelar el estado del bienestar conseguido con el esfuerzo colectivo a lo largo de los tiempos.

La eficaz propaganda de las tendencias neocons de las últimas décadas, programadas en los centros de creación de ideas (los llamados think tanks), arraiga en las masas populares, que aceptan la idea de que el estado del bienestar es insostenible y, como consecuencia, la justa esperanza de ver reducirse la brecha entre pobres y ricos es defraudada sistemáticamante. Se presentan en su doctrina como irrenunciables paladines en defensa del poder eclesiástico, muy alejados del humilde modelo del amor fraterno universal, como correspondería a un buen creyente: la bondad como impulso y fin del bienestar social.

Un liberalismo radical partidista relega el papel del Estado a un segundo plano, lo utiliza para proteger al sector privado, cuyos intereses comparte, y sustrae las mejoras sociales a los ciudadanos que, sobre todo los que tienen menos recursos, ven mermada su posibilidad de acceder a los servicios esenciales. La consiguiente privatización de los servicios públicos basa su eficacia en el beneficio económico, por lo que el interés del ciudadano pasa a ser secundario.

El modelo de recortes sociales es el que desde la Unión Europea se exige cumplir y que, tan obedientes, se aplican en imponer los oligarcas, cuando muchos analistas coinciden en que es el modo más insolidario e ineficaz para atajar la crisis. El modelo es la ruina de la democracia pero, y este es el núcleo de la intencionalidad política que se nos oculta, camina hacia el triunfo de la plutocracia representada políticamente por las fuerzas más conservadoras sin excluir la prostituida tercera via de la socialdemocracia. Todo ello con el visto bueno suicida de la mayoría de los electores que no quieren ver quienes protegen los intereses de los ricos, que salen airosos de todas las crisis al disfrutar de sus privilegios económicos nunca amenazados por una fiscalidad progresiva que ningún gobernante se atreve a implantar.


Pero puede que con la crisis se estén bordeando los límites del sistema. Algo importante empieza a moverse en el seno de la maltratada sociedad civil. Por suerte, hay ya muchos ejemplos de estos movimientos que ven en la globalización el imperio de los poderosos: El 15-M, la Economía del bien común, la Economía solidaria, la Desglobalización, el Frente Cívico, los simpáticos pero indignados Yayoflautas… Tiene que llegar el día en que todas estas voluntades confluyan en un poderoso torrente.

Es oportuno resaltar el ejemplo de gestión comunitaria y cooperativa de un pueblo andaluz: Marinaleda. Es un buen ejemplo, pese a quien le pese, del modelo de economía desglobalizada y de economía solidaria y del bien común. Hasta en el “nobilísimo” Cayetano de Alba, en apariencia, produjo una efímera admiración, sin más trascendencia, claro.

11 jun 2012

Buenos y malos (y 3)








Pese a que se violan o se incumplen constantemente [los derechos humanos] no dejan de ser una buena brújula que debe orientar la conducta de gobernantes y de personas de buena voluntad.








Hay que tener generosidad, sentimientos fraternales y buena voluntad para querer reconocer en qué posición se encuentran los criterios de cada cual en las relaciones humanas –en la de “nosotros” con los “otros”– ya que la percepción “egoscópica” que se adquiere como miembro del grupo dificulta una precisa y objetiva valoración ética reflexiva. Por eso es tan complicado superar la inducida tensión maniqueísta que evitaría rechazar sin análisis previo los argumentos y las justas reivindicaciones de los otros.

Los progresos alcanzados en el reconocimiento universal de los derechos humanos que nos han llevado a una inestable coexistencia pacífica son el resultado de milenios de esfuerzo, sacrificio y sabiduría de las personas más generosas. Pero la historia nos muestra también episodios horribles que hundieron a los habitantes del planeta en el cainismo y la desesperanza, sin que la población mundial pudiera sustraerse a la violencia desatada por los estados en su afán de dominar el mundo. Así ha ocurrido y así sigue ocurriendo en muchos lugares del planeta. En estas masacres participan tanto los creyentes como los no creyentes, porque la bondad y la maldad no son patrimonio de ningún grupo sino que todos se ven arrastrados al abismo por la codicia de los poderosos de distintas latitudes y creencias.

Si no surge una justa reacción unívoca contra esa codicia de “los buenos”, estos culminarán su ciego empeño de mandarnos a todos “los malos” al infierno en que se podría convertir el mundo en un futuro próximo. No solo están provocando la miseria de muchos inocentes, sino que están destruyendo la cultura del saber e imponiendo la del poder, lo que perpetuará la miseria. Siembran ambición y odio donde debería crecer la solidaridad. ¿No va siendo hora de que unidos “los malos”, los de “abajo”, le den una lección de sentido común y de ética a “los buenos”, a los de “arriba”?

Con un movimiento apartidista, heterogéneo, generoso y espontáneo –que muchos, desde la ignorancia, la indiferencia, la desconfianza o la mala fe, califican de algarada de la chusma, pero que puede que sea el inicio de la reacción deseada– ¿no se está gestando ya la conciencia de la necesidad de encauzar una respuesta justa por la indignación que provoca un paisaje ético tan desolador?

Si no cambia la mentalidad de la mayoría de los ciudadanos que están divididos, atrapados en la contradicción, y se contribuye –cada cual con sus capacidades– al esfuerzo colectivo para no seguir padeciendo la tiranía de los dioses del dinero, instigadores del imperante e inhumano “ideario neocon” (¡cuánta bondad destilan los de “arriba”!), estos arruinarán nuestras vidas –sobre todo las de los menos afortunados de los de “abajo”, que siempre son la mayoría–, nuestro medio ambiente y nuestras conciencias, lo que supondría la liquidación del empeño histórico por conseguir la globalización de la justicia y la solidaridad. Lo peor es que gran parte de las víctimas de “abajo”cooperan con sus verdugos de “arriba” ¿Se podrá evitar esta contradicción? Sin una profunda educación ciudadana en el compromiso social, será muy difícil porque la división de los de “abajo” anula todos los esfuerzos.

A pesar de todo lo dicho sobre la crisis hemos de reconocer que, desde que la codicia de los imperios coloniales se extendió por este maltratado planeta, la verdadera crisis la están soportando los más de mil millones de hambrientos que apenas sobreviven ante la inoperancia de los que habitamos en el mundo de los privilegiados que nos indignamos, y con razón, porque nos están arrebatando el estado del bienestar y la esperanza de futuro.




Pero no deberíamos olvidar –sobre todo a la hora de depositar nuestro voto, si es que se propusieran alternativas; y si no: redes y plazas para intentar encontrarla– que la situación es aún más grave al considerar fraternalmente que hay continentes de hambrientos y que también hay hambrientos en todos los continentes. Aunque esta crisis humanitaria esté provocada por los de “arriba”, nos concierne a todos y hay que arrimar el hombro para tratar de resolverla.

Y, ¿qué respuesta política, social y económica se va a dar a la dramática situación ante la noticia de que más de dos millones de niños españoles son pobres? Aunque esta sea una pobreza relativa, no deja de ser alarmante. Si esto está ocurriendo con las necesidades vitales, ¿qué no ocurrirá con su derecho a la salud y a una educación integradora y compensatoria? ¡Pobres criaturas! Pero es que… salvar a los bancos es prioritario. Habrá que añadir que la “ruina” de los bancos no la provocan los de “abajo”, pero sí acaban pagándola, como ya es bien notorio. Se mofan de la pobreza cuando predican moral mientras empujan a los más desfavorecidos a la intemperie del libre comercio que se rige por la “moral” del insaciable mercado: ¡Malvados!, del hambre también habéis hecho una mercancía.

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¡Qué bien quedan los Derechos Humanos enmarcados en los despachos de los amos del mundo y de los vicarios que gobiernan en su nombre! ¡La democracia, como sistema que debe procurar la justicia y la libertad en representación de los ciudadanos, nos la están prostituyendo! Los que intentan impedirlo aún se encuentran en minoría y con demasiadas incomprensiones. Si la aplastante mayoría de los que padecen esta impostura dejaran de ser ciegos, sordos y masoquistas, su energía cívica para adecentar la política democrática y cambiar la realidad sería incontenible. Y ganaríamos todos.

Muchos se preguntarán si un problema tan complejo como una crisis de civilización que nos está llevando a un callejón sin salida se puede despachar con una simple interpretación de los símbolos espaciales. Es lo mismo que yo me pregunto. Pero, ¡algo es algo si actuamos juntos en la dirección acertada! Esta es una buena oportunidad para dejar de vivir como zombis y aprender a vivir con dignidad.