Hasta hace dos años, nos han hecho creer que las pensiones han ido recuperando el poder adquisitivo (con la trampa de tomar el mes de noviembre como referencia y hacer bajar intencionadamente el precio de los carburantes para controlar el IPC). En 2012 se congelaron. Para este año, el Gobierno ha formalizado la subida del 1%, y del 2% para los jubilados que cobren menos de 1.000 euros al mes, pero no las ha actualizado al 2,9% alcanzado en noviembre, con lo que han perdido más que poder adquisitivo (1,9 y 0,9 puntos, respectivamente). También ha establecido las cuantías de las pensiones mínimas de jubilación, fijadas a partir de 8.838,2 € (14 pagas de unos 631 €), y las máximas, que no podrán superar los 2.548 mensuales. Las pensiones no contributivas se situarán en 365 mensuales la máxima y unos 91 la mínima.
El real decreto de 15 de marzo pasado ha venido a agravar aún más la situación al aplicar para empeorarla una reforma a la reforma de 2011. Merece una reacción contundente porque hay que tratar de parar este nuevo golpe a los pensionistas que además incluirán “novedades” para los próximos meses, como introducir el factor de sostenibilidad, para ahorrar gastos sin pensar en los ingresos. Las intenciones del ministro Montoro con la “desindexación” son una seria amenaza, porque un comité de 12 expertos están elaborando un informe sobre la base de desvincular las pensiones del IPC y otros factores que supondría una pérdida del poder adquisitivo de casi un 10 por ciento. De momento nos han legislado con alevosía sobre los parados de más de 55 años, sobre los empleados de más de 50 años sujetos de despido, sobre los años cotizados para acceder a la jubilación, sobre la jubilación activa… Y todo cuanto Bruselas quiera exigir.
¿Quiénes son esos 12 expertos que van a decidir las pensiones de casi diez millones de pensionistas y de casi quince en las próximas décadas? Perdón, no son expertos, son sabios. ¿Quién podrá dudar de la sabiduría de esas eminencias? Aclaremos, nueve de ellos son afines a los intereses de la banca, de las financieras y de las grandes compañías aseguradoras. Sí, sí, esas que están ansiosas por meterle mano a la gran tarta de las pensiones. La consecuencia final es que las pensiones llegarán a perder año a año su poder adquisitivo. Esto hará necesario que los pensionistas que puedan ahorrar suscriban fondos de pensiones, que, con el juego especulativo, las aseguradoras alcanzarán pingües beneficios. Con crisis y sin crisis, la SS (pensiones, desempleo y FOGASA) son una perita en dulce para las entidades financieras y la banca (más de 128 mil millones para 2013). Así lo cree el profesor Vicenç Navarro: “La Seguridad Social maneja, en cualquier país, la mayor cantidad de dinero que exista en aquel país. De ahí que la banca, ayudada por la presión de los mercados financieros, desearía intervenir en el manejo y gestión de tales fondos.”
