El tema que voy a tratar ahora es lo fundamental de otra de las ideas que propuse en
2005 para la Capitalidad.
El proyecto de esta Biblioteca ya fijó su ubicación en los Jardines de La Agricultura (Los Patos), en el espacio de su borde norte que ocupaba una novísima rosaleda. Se estimó en su día un presupuesto de 14,4 millones de euros. El presupuesto de 2012 le dedica 200.000 euros. Esperemos que no siga la senda de otros proyectos de Córdoba.
Esta
propuesta no gustó a los partidarios de conservar esa apreciada variedad de especies
de rosales. En parte, llevaban razón. En todo caso, esa rosaleda se hizo en los
años noventa. Y hay que considerar que el lugar, algo deprimido en esa zona, no
permite una buena observación panorámica y era poco frecuentado. Lo cierto es
que, tras las catas arqueológicas, hoy es un solar deprimente con sus ocupas
incluidos. Hay que buscar para la rosaleda lugares más abiertos –que los hay
muy cerca– y que presenten mejor panorámica y posibilidades de ampliación.
Este
espacio parece idóneo para levantar el edificio de la Biblioteca por varios
motivos:
Uno bastante importante es
que su superficie aumenta las posibilidades de construir una sede de gran
capacidad en horizontal en un lugar que goza de la tranquilidad del parque en
su fachada sur.
Su flanco izquierdo –si se actuara
con algo parecido a una propuesta que denominé PUERTA EUROPA– apoyaría el efecto de equilibrio realzando el valor
urbano de ese tramo como enlace monumental entre las estaciones de trenes y
autobuses y el centro de la ciudad.
En cuanto al flanco derecho,
que hace esquina con avenida de Cervantes, podría estar dedicado al propio
escritor. La Biblioteca no podría encontrar mejor vecino. Como contrapunto al
monumento de Julio Romero de Torres situado en el lado opuesto, en ese espacio
se puede erigir un monumento al autor del Quijote, para lo que se puede pensar
en alguna de las esculturas de Aurelio Teno. El agua que abunda en el lugar
puede estar presente en este monumento y en la fachada sur del edificio.
Con la idea de convertir el
entorno de la Biblioteca en un espacio dedicado a personajes ilustres de Córdoba,
y siguiendo la tradición senequista del lugar, donde se encuentran los deteriorados
bancos de azulejos de Talavera con las sentencias de Séneca, una vez
rehabilitados y adecentado el espacio, podría colocarse el grupo escultórico
del filósofo y su magno pupilo, con el que tantas veces se ha soñado fundido en
bronce. Hoy se encuentra en la isleta de los llanos del Pretorio, como un
náufrago del tráfico ignorado por casi todos.
Si después diéramos una vuelta por estos jardines, observaríamos que, junto a otros personajes ya presentes (Mateo Inurria, Martínez Rücker, Rubén Darío, el citado Julio Romero y, algo más distante, el Duque de Rivas), podríamos disfrutar de un parque en el que ya es hora de que se incluyan cordobesas ilustres. Para empezar dando ejemplo, yo propongo a estas mujeres poetas: Wallada Bint (siglo XI), Leonor López de Córdoba (siglo XIV) y Concha Lagos (siglo XX). Con la Biblioteca –si acertaran a ponerle el nombre de “Góngora”– este recorrido didáctico elevaría el tono cultural de nuestro patrimonio.
La crisis
actual no debe impedir que las ideas creativas se orienten pensando en sus
posibilidades futuras. Lo lamentable es que, entre tanto, el privilegiado
espacio acotado para la Biblioteca –que fue rosaleda– sea ahora un lugar cada vez más degradado. En todo caso no debemos olvidar que allí cerca otra rosaleda, desde el Paseo de
Córdoba, que ocupa una superficie mucho mayor con su gran variedad y color, ya nos está atrayendo sin rencor con el perfume generoso de unas rosas
nuevas.
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