Amigo, ¿no lo estás
viendo? Compañero, ¿es que no lo ves? Vecino, ¿no te estás dando cuenta? ¿Qué
tiene que pasar para que todos los que están siendo “jodidos” por las políticas
que favorecen a los de arriba reaccionen o al menos dejen de apoyarlas? ¿Es
ceguera crónica? ¿Fanatismo? ¿Ideología? ¿“Pensamiento visceral”?
¿No lo veis? Les da
igual que la crisis se profundice, que el paro siga creciendo, que el hambre se
apodere de más de la quinta parte de la población, que se recorten servicios sociales
y los ya exiguos sueldos de los trabajadores para costear los desmanes de los
banqueros, que la democracia se desactive, que se burle la Constitución, que el
Estado recule ante los intereses de la empresa privada... Todo eso, no solo
parece no importarles a los que nos gobiernan sino que están demostrando que es
la esencia de su dogma neocon, aplicado con alevosía por el otrora ¿socialdemócrata?
ZP e impuesto a fondo y con vileza por el gris MR, siempre con la misma
cantinela de que no hay otra alternativa –¡sí, la hay!,– que si Bruselas, que
si los mercados... de espaldas al interés general de los ciudadanos. Es el método
ladino, injusto e inhumano con el que, ante esta infernal crisis que ellos nos
han provocado, los políticos occidentales de las últimas hornadas se confabulan
y alían con la oligarquía global para allanarle –allanarse– el camino del poder
económico absoluto, festín al que se incorporan, al compás de música sacra,
durante y tras su actividad política. Todo, por supuesto, dentro de la
legalidad que ellos mismos se hacen a la medida.
Pero no hay que
preocuparse porque el actual gobierno va a poner coto a tal desmán y no va a
permitir que los banqueros ganen más de 500.000 euros, aunque las pasen canutas
para llegar a fin de mes. Aún así, los ciudadanos no satisfechos con esto pueden
preguntarse ¿en qué hucha guardan los amos del mundo el botín sustraído y que dicen
que equivale a los presupuestos de Estados Unidos y Japón juntos (21 billones de dólares, como mínimo)? Sí, sí, donde
estáis pensando: en los paraísos fiscales que hay fuera y dentro de casa sin contribuir
con un solo céntimo a sacarnos de este infierno en el que nos han metido.
¿Que no todos los
políticos contribuyen a este atraco? ¡Puede ser! Hay bellos discursos pero, por
sus hechos (y por sus corbatas; mirad la foto) los conoceréis. Si es que estamos
dispuestos a conocer qué está pasando ahí arriba, naturalmente. Y si después,
dando un paso más allá, fuéramos capaces de plantarnos, provocar la ruptura de
este sistema impuesto con engaño y exigir que surjan alternativas creíbles y
justas, por supuesto.
