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14 oct 2012

Las políticas del desastre


El poder del voto se pervierte si el ciudadano no castiga los incumplimientos de los programas electorales. De ahí la importancia de conocer a fondo las verdaderas intenciones de la acción política. A ello vamos a dedicar la presente entrada.

El trabajo, controvertido pero documentado, de la periodista canadiense Naomi Klein sobre las políticas económicas inspiradas en la doctrina de la Escuela de Chicago es un buen referente para reflexionar sobre las causas de la crisis actual.

El psiquiatra Ewans Cameron desarrolló en Montreal una técnica agresiva para “vaciar el cerebro” de sus pacientes mediante la aplicación de electro-shock y de este modo modificar su conducta. Al mismo tiempo, el Nobel de economía Milton Friedman, de modo paralelo, orientó a los jóvenes de la Escuela de Chicago (Chicago Boys) con la idea de que ciertos acontecimientos (guerras, crisis económicas, catástrofes, estados de emergencia, golpes de Estado, dictaduras represivas…), provocados o no para ese fin, producirían un efecto similar al electro-shock. Unos ciudadanos poseídos por el miedo y en estado de shock económico aceptarían con escasa conflictividad el control del déficit público, la desregulación capitalista, las privatizaciones… con el argumento de que aumentarían el desarrollo económico y el bienestar general. Es la doctrina que se viene aplicando en todo occidente desde los años setenta. Las consecuencias ya las conocemos: el enriquecimiento progresivo de una minoría que controla el poder y el empobrecimiento radical de la mayoría.

En el artículo anterior adelantábamos cómo la Escuela de Chicago logró imponer su dogma económico neocon en la política del G.H. El primer ensayo en el exterior se cebó con el país chileno al comenzar la década de los setenta. El creciente apoyo popular que adquirió Allende hizo reaccionar al G.H. por temor a la expansión del marxismo y porque las nacionalizaciones de empresas, como las mineras Anaconda y Kennecott, perjudicarían sus intereses en Chile.

Después del apoyo de la CIA al golpe de estado de 1973, la visita de Kissinger y Friedman propició que jóvenes chilenos de la era Pinochet fueran formados en la Escuela de Chicago. El trauma y el pánico que provocó la sangrienta represión contra la población facilitó la aplicación de sus políticas: El Estado al servicio de la oligarquía,  libre mercado, privatización de lo público, desactivación de la lucha sindical, supresión de la negociación colectiva, del sueldo mínimo y de la protección social, descontrol del sistema económico financiero, reducción de los impuestos a las grandes fortunas, recorte de libertades civiles y envilecimiento de la legislación en materia de orden público y del aparato represor para “combatir el marxismo” y anular por el miedo la reacción de los ciudadanos contrarios a estas políticas.

Un aparente progreso llevó finalmente al desastre económico de 1982. Cuando Pinochet quiso deshacerse de su equipo de asesores neoliberales ya era tarde. El propio Nixon, al aplicar la misma doctrina, fracasó en su primer mandato, por lo que dio la espalda a Friedman y aplicó políticas económicas en la línea keynesiana del New Deal. Logró su segundo mandato, aunque el gasto militar, la guerra de Vietnam y finalmente el caso Watergate paró el proceso de mejora de la economía y creció la deuda, la inflación y el paro.

La terapia se aplicó también en Argentina. Al final de los setenta, con Carter presidente, el G.H. apoyó el golpe y la política de exterminio del presidente Videla que llevó la crueldad contra los opositores al régimen, tildados de marxistas, más allá incluso que Pinochet. Aprovechando el estado de shock de los argentinos, ¿qué política se aplicó? Exacto, Kissinger recetó las políticas de los Chicago Boys y condujo al país argentino a la economía de la especulación, la inflación, el desempleo y la parálisis económica.

28 sept 2012

El cáncer de los tiempos


Todo ser vivo lucha por dominar el medio para perdurar como individuo y como especie.  El ser humano ha llevado ese instinto de lucha más allá de la supervivencia; se ve impulsado por la codicia para dominar el mundo y a sus congéneres: es un cáncer social –con la guerra como su expresión más cruel– que ha ido corroyendo la convivencia frente a los que pretenden la humanización de la especie.

Belicistas frente a pacifistas; conservadores frente a conservacionistas; el bienestar de las élites frente al bien común; el poder oligárquico frente al poder ciudadano; el derecho a la propiedad privada antepuesto a los derechos humanos; la educación con el ideario de los privilegiados frente a la educación cívica; plutocracia frente a democracia.

En el mundo de las creencias religiosas se da la misma bipolarización: teología ortodoxa frente a teología de la liberación; fanatismo frente a espiritualidad humanizante… El poder religioso se hace patente en la posesión de un importante patrimonio material y en una eficaz influencia en las decisiones políticas y en los modelos sociales. Coexisten en contradicción creyentes ricos y creyentes pobres.

Los políticos, cuando convierten a los Estados en defensores de los intereses de los poderosos mientras explotan y reprimen a los ciudadanos, prostituyen su función y pierden toda la legitimidad que las leyes democráticas les otorgan. Pierden su condición de demócratas y se convierten en tiranos: modifican las leyes a su favor con el fin de proveerse de un recurso eficaz para utilizar la información como propaganda para engañar al pueblo y reprimir a quienes se opongan a sus políticas. Se transfieren los recursos económicos del Estado, que los ciudadanos aportan a través de los impuestos y sacrificios extremos e injustos, hacia los bolsillos de bancos, oligopolios y grandes empresas.

Frente a esto, los ciudadanos tienen el derecho y el deber de expulsar a los tiranos del poder. ¿Cómo? La presión de la mayoría de los ciudadanos puede mover montañas. No voy a señalar ningún movimiento porque la experiencia dice que los prejuicios de muchos no van a dejar ver la neutralidad y el sentido común, paralelo al sufrimiento común, que anima a algunos de los colectivos que promueven la reacción de un frente cívico de mayorías. Quien quiera entender que entienda y arrime el hombro.