¿Alguien ha oído en la campaña de las pasadas elecciones europeas al PP o al PSOE hablar del Tratado de Libre Comercio entre la UE y EEUU? Ni palabra. ¿Por qué? Porque es un secreto. ¿Por qué es un secreto, si ya se está empezando a vender la criatura como que va a traer crecimiento, progreso y cientos de miles de puestos de trabajo en toda Europa y, de forma significativa, en España? Porque es mentira.
Veamos en qué consiste el prodigioso
Tratado. Lo haremos de la mano de las explicaciones que hace en un vídeo el
profesor Juan Torres. El comercio internacional se condiciona a través de tres tipos
de medidas que tratan de proteger la producción propia y el comercio interior:
1. Mediante impuestos o aranceles a los
productos que vienen de fuera. Al encarecer estos productos se reduce su efecto
negativo sobre el consumo de los productos internos.
2. Limitando el contingente, es decir la
cantidad de productos que llegan al mercado nacional.
3. A través de normas y regulaciones
para proteger la salud, los intereses del consumidor y el medio ambiente.
Según parece, las dos primeras
medidas no afectarían demasiado al intercambio comercial entre ambas zonas.
Pero en cuanto a las normas y regulaciones, el efecto sobre los países europeos
puede ser muy, muy perjudicial, si lo valoramos desde el punto de vista del
interés general y no de las grandes empresas. No va a consistir en aplicar, en
beneficio de la ciudadanía, lo mejor de las políticas económicas de las dos
partes. Será todo lo contrario. Veamos qué pretende el Tratado en cuanto a las
regulaciones:
A) Imponer en Europa la equivalencia
en las normas. Claro está, suavizándolas como en EEUU, que son muy poco
garantistas. El poder de las multinacionales
no admite que se pongan límites a
sus beneficios, con lo que el consumidor queda muy desprotegido en cuanto a
derechos laborales, salubridad de los productos, respeto al medio ambiente...
B) Proteger la inversión. Es decir, frente al
interés general que ha de proteger el Estado, se va a favorecer el interés
privado. Esto conduce a que los Estados indemnicen a las grandes empresas
cuando se consideren perjudicadas por las decisiones de los gobiernos.
C) Otorgar poder a tribunales
específicos (casi secretos), que, por encima de las leyes nacionales, puedan
exigir la compensación de los supuestos perjuicios causados a las
multinacionales. Eso, como ya va siendo costumbre, con el dinero de nuestros
impuestos que deberían ir destinados a recuperar el vapuleado estado del
bienestar.
Con estas condiciones, ¿qué nos
espera a los pueblos de Europa? ¿Afectará a nuestras vidas? Nos tememos que, si
no somos capaces de evitarlo, van a ocurrir cosas como estas: Recortarán todavía
más los salarios y los gastos sociales públicos en beneficio de las empresas
privadas. Se impondrá la práctica extractiva del fracking para la obtención de
gas y petróleo, sin valorar su alto poder contaminante sobre el entorno natural y las
poblaciones, obstaculizando el desarrollo de las energías renovables y limpias, para imponer sus patentes. Hundirá la naciente agricultura ecológica al invadirnos con productos
transgénicos, cuyos efectos sobre la salud y el medio ambiente no interesa que
se conozcan. Desaparecerán las etiquetas informativas que ahora exige la UE. La
UE también exige probar que un producto no perjudica la salud ni es
contaminante, pero en EEUU es el consumidor o el Estado el que tiene que
demostrar que es perjudicial. Esto ha causado muchísimas muertes en el país
americano por productos contaminados con aditivos muy insanos, como las
hormonas en la carne, entre otros miles de tratamientos químicos,
potencialmente cancerígenos, prácticamente desregulados. En la UE, por el
momento, se ofrecen mayores garantías porque se hace un seguimiento desde el
lugar de producción hasta el de su comercialización y venta…
Esta es la realidad que va a provocar
este tramposo Tratado. Y se va a vender como el maná que nos va a traer
desarrollo económico, más riqueza y empleo masivo. Pues bien, la experiencia
con otros tratados similares en el comercio global han demostrado que han
causado mayor riqueza a las grandes multinacionales, a costa del
empobrecimiento de los pueblos.
La propaganda atacará, como siempre,
a los que denuncien tanto engaño y serán demonizados, como ya estamos viendo
que ocurre con quienes se atreven a cuestionar a los que mandan en el país como
si fuera su cortijo ¿Queremos parar esto?
¿Desde el sofá? ¿Seguiremos dejándonos engañar? Quizás haya que pensarse
más seriamente si el silencio o el voto equivocado nos librarán de esta
tiranía.

