Como son evidentes los efectos
positivos que se derivan del consumo –brevemente expuestos en la entrada
anterior– propongo avanzar un poco más en este empeño por descubrir los efectos
negativos que puede haber en el origen, en la comercialización y en el desecho
de los múltiples productos que consumimos o poseemos, de los que disfrutamos
habitualmente por necesidad o por cualquier otra motivación.
En la
actualidad, a los sesenta y tres años de declarar y reconocer los derechos
individuales de todos los seres humanos, aún sigue siendo una triste realidad
la explotación del hombre –con frecuencia niños– por el hombre, en condiciones
propias de un sistema esclavista. Las consecuencias son la perpetuación de la
pobreza en las regiones del mundo menos desarrolladas cuando, paradójicamente,
la producción mundial de recursos y riqueza aumentan. Bajo la piel de la postmodernidad, persiste en lo más íntimo del ser
humano la misma incertidumbre de lo antiguo. Sobran las mismas lágrimas, el
mismo sufrimiento, el mismo odio. Con la revolución de la técnica, ¿qué ha
mejorado en la convivencia? (Leer en la barra de páginas CórdobaÉtica2mil48. Cap. 3, Las torpezas
del homo sapiens. ¿Avanzamos?)
Otro efecto indeseable es el agotamiento de los recursos, de las
materias primas y de las fuentes de energía porque se está esquilmando desenfrenadamente
la naturaleza en beneficio de las minorías que ostentan el poder sobre el
planeta. En este sentido, el último encuentro internacional en la cumbre de Durban
para poner freno al cambio climático ha sido un triste desencuentro.
Tampoco es
una buena noticia el que, si se aprueba la nueva ley brasileña, se puedan poner
en peligro 79 millones de hectáreas de selva amazónica, el pulmón vegetal más importante del planeta. Ni hay que olvidar la
impotencia o falta de voluntad política para resolver el gravísimo problema de
la acumulación de todo tipo de residuos, en especial los radiactivos.
Lo peor de todo es que la ceguera
que practican las grandes potencias, lacayos de las multinacionales en la
búsqueda sin control de beneficios, nos está llevando a un peligroso punto sin
retorno, lo que hace unos años llamaba situación protoirreversible (CórdobaEtica2mil48.
Cap. citado). Mientras, en el llamado tercer mundo, se están elaborando los productos a bajísimos precios a costa de la explotación en condiciones inhumanas de las poblaciones más pobres.
Quizás convenga saber, si queremos poner remedio a esta locura, que a todo ello contribuye, de un modo
casi siempre inconsciente e inducido, la obsesión consumista del mundo
desarrollado. Tal vez un consumo más razonable podría poner freno a esta grave situación.
Continuará…

