Terminaremos esta serie de posts con el eco del último vídeo que
nos habló muy claro sobre el sistema económico en el que estamos atrapados. Insistiremos
en esta idea.
En la sociedad de la abundancia,
el derroche y el despilfarro, saltan memes sin tregua de la publicidad al inconsciente
colectivo hasta convertirlo en bobalicón aliado de la apología del consumismo: ¡Este abrigo ya no se lleva! ¡No merece la
pena reparar la tele! ¡Ya tengo el nuevo modelo de móvil! ¡Hay que cambiar
estos muebles por otros más modernos! ¡Con este coche hacemos el ridículo! Ideas
como estas están instaladas en nuestras mentes con tal fuerza que puede que
hasta lleguemos a sentirnos “bichos raros” si no vamos con la moda. Es un
hábito que asumimos con total normalidad.
La moda actúa como un mago adivino
que anticipa, a través de las agencias de estilo, lo que se va a llevar dentro
de unos meses (Ver más en “CórdobaÉtica2mil48”,
págs. 56-57). Los que formamos parte del dócil rebaño nos lanzamos a adquirir
lo que está de moda, sea feo, raído, desagradable o insoportable: “es lo que se
lleva”. Y si se trata de artilugios, la obsolescencia programada ayuda a
aliviar nuestra presunta mala conciencia al sustituirlo por otro sin rechistar, entrando en la espiral de "usar y tirar" sin darnos cuenta de que las materias primas son finitas y de que la acumulación de residuos crea problemas muy graves.
La reflexión y el espíritu crítico hacen el ridículo en este ambiente gregario.
Este nuevo vídeo tampoco tiene desperdicio: “Comprar, tirar, comprar”. No
solo nos pone al descubierto un engaño,
como en el vídeo de la entrada anterior, sino que señala casos concretos de la
manipulación que sufrimos: La obsolescencia programada. Su larga duración me
hizo verlo “a sorbitos”, en ratitos de unos diez minutos. Si merece la pena dedicarle dos horas a una buena película, estos cincuenta minutos son un regalo
que no olvidaremos.
La próxima entrada tratará sobre Los patios de Córdoba
