Afrontamos la “cuesta de enero”
asediados por la crisis, pero atraídos hacia el consumo por el señuelo de las
“rebajas”. No osaría recomendar moderación en este trance porque el sistema,
como cualquier dios antiguo, exige constantemente víctimas propiciatorias. Sin
el consumo, la crisis y el paro se agravarían, ahora bien, consumiendo de forma compulsiva, el
sistema que nos ha traído la crisis se realimenta empezando a incubar la
siguiente crisis.
A estas alturas creo que estamos
en condiciones de comprender que nos vemos atrapados ante el chantaje oculto de
tener que apoyar reformas –que nos matan primero para resucitarnos después– ante
la amenaza del paro y el temor a que se hunda el tinglado. Individuos, empresas
y estados se entrampan hasta las cejas por medio de préstamos; créditos cuyos abundantes
beneficios engrosan los bolsillos de los que pertenecen a eso que llaman los
mercados, que nos incitan con la publicidad a vivir para consumir.
El propósito de estos posts no es desanimar a nadie que decida aprovechar las oportunidades de comprar más barato aquello que realmente necesita. De lo que se trata es de poder compartir mi reflexión desde el conocimiento de una realidad que la publicidad nos oculta. Completaremos la reflexión en las siguientes entradas.

