Hoy se cumplen 65 años de la
declaración de los derechos de todas las personas que conviven en este azaroso
mundo. La lectura de algunos de los considerandos del Preámbulo, que ofrecemos al
final, ya orienta sobre el alcance de tan trascendente paso en la historia de la
Humanidad. Los 30 artículos que contiene significan una revolución ante las
políticas que se aplican en la totalidad de los países, desde los considerados
más democráticos hasta los más tiránicos.
Las recientes declaraciones de elogio
enfervorizado de todos los poderosos del mundo a la muerte de Mandela han
puesto de manifiesto la hipocresía de los gobernantes, que reconociendo que el
papel de los políticos es la defensa de los derechos de los ciudadanos, como
hizo inequívocamente Madiba, sin
embargo, practican políticas que benefician descaradamente a los ricos y
condenan a la pobreza a muchos ciudadanos.
Pese a que el apartheid ha desaparecido oficialmente de Suráfrica, otro apartheid global está imponiendo con
beligerancia la clase dominante de los ricos, con la connivencia de los
políticos que no dudan en adulterar las democracias: es el del mundo de los
ciudadanos víctimas de políticas deshumanizadas; el de las poblaciones que
padecen los horrores de las guerras; el de los seres humanos confinados en
campos de refugiados; el de los que buscan refugio en los países mal llamados
desarrollados, huyendo de las persecuciones políticas o de la hambruna; el de todos
los pobres del planeta ––que el alcalde quiere erradicar de nuestra ciudad multando
con hasta 900 euros a los que hurgan en los contenedores de basuras––… Es una doble
burla a los derechos humanos.
No es mal momento para reflexionar
sobre los derechos de todas las personas con el fin de que cada cual oriente
sus acciones a que se consigan respetar y obligar a los políticos a que los consideren
su objetivo primordial en sus modos de gobernar. Con ello evitarían que la
ciudadanía acosada, más lúcida, concienciada y rebelde, reclamara por vías
contundentes el cumplimiento de esos justos derechos. Todo esto se propone con reivindicativa
exigencia desde los considerandos del Preámbulo hasta el último artículo de la
Carta Magna Universal proclamada en 1948. Veamos cómo comienza el Preámbulo:
«Considerando que la libertad, la
justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad
intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la
familia humana;
Considerando que el desconocimiento y
el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie
ultrajantes para la conciencia de la humanidad, y que se ha proclamado, como la
aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres
humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de
palabra y de la libertad de creencias;
Considerando esencial que los
derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el
hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía
y la opresión;
Considerando también
esencial promover el desarrollo de relaciones amistosas entre las naciones… »
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