11 feb. 2013

El carnaval de los perversos


Las máscaras ocultan la podredumbre de los perversos. La maldad compulsiva de ciertos gobernantes que nos hemos dado la estamos sufriendo con dolor, lágrimas y sangre. Cegados por la embriaguez del poder y el dinero endurecen sus sentimientos y amordazan sus conciencias. Sus vidas y sus conductas se instalan en ese par dialéctico: el poder propicia la riqueza; la riqueza consolida el poder. ¿Por qué no se imponen los políticos justos por encima de los poderes fácticos?

Aún no nos hemos repuesto de la muerte inducida de un buen hombre acosado por la injusticia de una ley inhumana  ¾que con la complicidad de la mayoría parlamentaria permite que la banca entre a degüeyo contra los más vulnerables ciudadanos¾ :Fran Lema Bretón, nuestro paisano, otra víctima que ha pagado con su vida los efectos de la siniestra Ley Hipotecaria. Que no se borre de nuestra memoria su pérdida ni el dolor de su esposa e hija. 

¿Qué podemos hacer los ciudadanos para cambiar estas políticas de la corrupción y del desastre? ¾nos venimos preguntando con insistencia¾. Convencernos de que hay alternativas, conocerlas y tener voluntad para plantarnos, organizarnos y exigírselas a los futuros gobernantes para que gobiernen sin máscaras. Solo mediante la transparencia radical es posible cambiar el sistema. La resignación equivaldría al suicidio social. Pero, ¿es posible quitarle la máscara a los perversos? Muchas veces, el pueblo unido lo ha conseguido de forma pacífica. Últimamente, algo se viene moviendo entre los ciudadanos más comprometidos, en España y en el resto del mundo. Aunque sería deseable que ese gran movimiento de presión social fuera compartido por los ciudadanos de los países de la UE para forzar el cambio de la errónea e ineficaz política actual dictada desde Bruselas.

A partir de la provisional propuesta del borrador ¾cuyo contenido he considerado conveniente ampliar¾ del Programa-Decálogo del Frente Cívico (un movimiento apartidista sin pretensión de gobernar, sino de conseguir una gran mayoría, un contrapoder que, desde el conocimiento de la nefasta realidad, presione al poder para llegar a cambiarla), planteo el siguiente Programa con la intención de, al menos, hacer pensar cómo se podría exigir de modo persistente y pacífico, en los medios, en la calle y en las urnas, una política alternativa posible más justa. Estos son los diez puntos ¾que no coincidirán con los que finalmente aprueben las asambleas del Frente Cívico¾ de mi personal modo de plantear el programa:

1. Salario Mínimo Interprofesional (SMI) de 1.000 euros al mes. Ninguna pensión por debajo del SMI. Aproximación de la prestación por desempleo al SMI. Planteamiento de la Renta Básica en situación de carencia.
2. Reforma Fiscal: progresividad, persecución del fraude fiscal, la economía sumergida y los paraísos fiscales. Revisión de la legislación sobre las Sociedades de Inversión de Capital Variable (SICAV). Dotar de infraestructura de todo tipo a la Inspección de Fiscal de la Hacienda Pública. Supresión de los privilegios fiscales de la Iglesia y otras instituciones.
3. Banca pública como corolario de la nacionalización de la banca privada y las cajas de ahorros. Reforma de la Ley Hipotecaria. Derecho universal a la vivienda.
4. Nacionalización de los sectores estratégicos de la economía y regularización de los sectores que provocan vulnerabilidad social. Ley sobre la Obsolescencia programada. Iniciativa estatal en investigación, desarrollo e innovación de energías limpias. Estricta legislación medioambiental.
5. Desarrollo de los contenidos de los Títulos Preliminar y VII de la Constitución. Supresión de la referencia a la Iglesia Católica (Art. 16.3). Restauración del Artículo 135. Cumplimiento del espíritu y la letra de la Carta Magna. Efectiva separación de poderes.
6. Control y democratización de los canales de distribución y comercialización del sector primario de la economía a fin de evitar situaciones de oligopolio que inciden negativamente sobre los precios pagados a los productores y sobre los precios pagados por los consumidores. Socialización del uso de la tierra.
7. Educación pública universal, de calidad, gratuita y laica. Educación democrática del ciudadano. Efectiva separación entre las iglesias y el Estado. Desarrollo de instrumentos conducentes a la inserción laboral juvenil.
8. Reforma del Sistema Electoral en el sentido de implantar otro proporcional, con las Comunidades Autónomas como circunscripción y un colegio nacional de restos tratando de que se cumpla “un ciudadano, un voto”. Ley de transparencia de la financiación de los partidos políticos.
9. Defensa y mejora de la Sanidad pública gratuita y universal con inclusión de los inmigrantes. Desarrollo de la investigación biomédica de vanguardia.
10. Defensa de las libertades civiles y participación ciudadana democrática en todos los niveles de la política. Posibilitar la recuperación de la voluntad, la voz y el voto del pueblo soberano ante el flagrante incumplimiento de los programas electorales. Perseguir  la corrupción.





Estos 10 puntos se pueden resumir en la defensa de 5 derechos básicos:
1.- Erradicar la pobreza mediante el empleo, las pensiones y la cobertura social por desempleo.
2.- Que paguen más los que más tienen de forma progresiva y sin privilegios.
3.- Que una banca pública esté al servicio de los ciudadanos.
4.- Asegurar los derechos sociales en educación, sanidad, dependencia, vivienda…
5.- Respeto del derecho de participación y de las libertades de opinión, manifestación, creencias, convicciones…

Para responder a la pregunta de cómo se pueden obtener recursos en plena crisis para salir de ella, el Frente Cívico está trabajando para poder informar de las diferentes vías legales para acceder a esos recursos si se tiene voluntad política ajena a los intereses de las minorías poderosas. La secuencia de los puntos del propio Decálogo orientan suficientemente de cómo se pueden ir logrando los fines propuestos. Para ello es necesaria la regeneración de la actividad política defensora de los derechos de los ciudadanos reconocidos en la Constitución, en la Declaración de los Derechos Humanos y en La Carta de la Tierra. Una sociedad que no reflexione sobre estos derechos y luche por ellos seguirá sin tener el futuro en sus manos.

En el mejor de los casos, si llegáramos a tener cubiertas las necesidades básicas, nada de esto nos proporcionaría una vida plena si nos olvidáramos de conseguir una educación ética de toda la sociedad, desde la infancia, basada en la cooperación para alcanzar metas comunes, en el respeto mutuo y en la cultura del bienestar que proporciona la reflexión, la crítica razonada y el conocimiento, la actividad física, el disfrute de la naturaleza protegida y la cordialidad en las relaciones sociales. ¡Ah!, y si fuera el caso, habría que desintoxicarse de la adición a todo tipo de consumo.

Una educación ciudadana de esta índole tal vez haría que los políticos del futuro huyeran de caer en el estado de podredumbre en el que se está convirtiendo una parte de las actuaciones que protagoniza la política imperante y que de algún modo contaminan al resto de la sociedad o viceversa.

3 comentarios:

  1. Magistral entrada. ¡Chapó!
    El decálogo que plantea, incluido el resumen en los 5 derechos básicos, me parece muy completo y explícito.
    Por supuesto, pienso que la unión ciudadana es lo único que puede frenar estas políticas de desastre y hacer cambiar esas leyes injustas e inhumanas.
    Hemos de trabajar para lograr esa regeneración de la actividad política a la que aludes. El esfuerzo es inexcusable porque, unidos, es
    posible conseguirlo.
    Como siempre, extraordinaria elección de las ilustraciones.

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  2. ¡Magnífica entrada!
    Quisiera resaltar la necesidad que tenemos todos de unirnos y actuar pacíficamente frente a los abusos del poder. Muchos somos los que estuvimos ayer en la manifestación contra los desahucios. La democracia no es solo votar cada cuatro años. Tenemos que seguir, porque juntos tenemos las de ganar.
    ¡Entre todos podemos!

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    1. Son muy acertados vuestros comentarios.
      El decálogo puede parecer una carta a los Reyes Magos pero, si los bancos y las grandes empresas han conseguido presionar al Estado para que se endeude de forma ilegítima por 120 mil millones de euros para saciar su codicia o para salvarlos de sus pésimas gestiones, ¿el pueblo tiene que soportarlo viviendo en la miseria?
      Efectivamente, el poder de la mayoría de los ciudadanos obligaría a los gobiernos a gobernar de forma justa en beneficio de todos. Ese decálogo solo pretende devolver al pueblo lo que es del pueblo.

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