18 feb. 2015

LOS ESCLAVOS DE EUROPA

¿Por qué, por qué, por qué…? ¿Por qué millones de ciudadanos y ciudadanas tienen que vivir como esclavos de los políticos? ¿No nos van a gobernar nunca políticos honrados? ¿Por qué seguimos ciegamente a los que una y otra vez nos engañan? ¿No va a haber nunca una mayoría de ciudadanos valientes? ¿Cuándo vamos a ser capaces de construir una verdadera democracia en la que las necesidades del pueblo sean decididas por el propio pueblo?

Puede que las democracias de los pueblos de Europa hayan empezado en Grecia su lucha contra las oligarquías europeas que vienen imponiendo sus políticas económicas neoliberales. Se está viendo claramente que el sistema de poder que se ha implantado en la actual Unión Europea, representado de forma antidemocrática por la Troika, posee un eficacísimo arsenal: apoderados de la riqueza, dominan los medios de propaganda y de represión; legislan para proteger el estatu quo; y cuentan con la connivencia de los gobiernos conservadores (incluyendo a los descafeinados partidos socialistas). En resumen, han diseñado un plan de guerra con el que el poder económico, corrompiendo al poder político, está consiguiendo destruir todo intento de reacción democrática.

¿Cómo es posible que menos de un diez por ciento de la población europea engañe, atemorice, doblegue y humille la voluntad democrática popular del resto de sus pueblos? El miedo inducido por las sutiles técnicas de propaganda que utiliza el poder paraliza las voluntades que no se fían de resurgentes y sinceras propuestas emancipadoras. La anomia ciudadana cierra el paso a cualquier salida hacia la libertad. El sentimiento de impotencia para razonar sobre nuestros derechos nos doblega y nos empantana en una situación injusta, represiva y caótica. La bajeza de las disputas políticas, su corrupción y sus reiterados actos antidemocráticos, ¿no son suficientes pruebas de su falsedad que nos deben hacer reaccionar?

No sabemos cuánto resistirá el gobierno griego defendiendo los derechos que la valiente voluntad democrática de su pueblo está reclamando, pero la respuesta a la guerra de los poderosos ya ha empezado. ¿Seremos capaces, en este año electoral, de seguir el camino que nos está marcando el sacrificado y digno pueblo griego? ¿Será el resto de Europa capaz de acabar con estas políticas que adoran a los poderosos y desprecian a los pueblos?

Tenemos que creer que hay políticos que están con el pueblo. Descubrirlos y votarlos dándole un margen de confianza no nos impide ser políticamente activos, estar vigilantes y reclamarles que cumplan sus propuestas. Si no fuera así, tendríamos en nuestras manos la posibilidad de recusarlos, retirar la confianza a quienes nos traicionen y, en su caso, ponerlos ante la ley.

Si conseguimos desoír la furibunda propaganda bélica que, desde Bruselas para todos los socios, han diseñado los que temen perder el poder, que ven la paja en el ojo ajeno y no quieren ver la viga en el propio, podremos convencernos de que merece la pena apostar por el modelo griego.