23 abr. 2014

Gabo no se ha ido

La muerte reciente de Gabriel García Márquez ha conmocionado a muchas personas de todo el mundo. Hay quien habla de que, junto con Cervantes, son los dos escritores más grandes que ha dado la lengua castellana. La buena literatura nos transforma y quisiera pensar que los malvados lo son porque no se han dejado seducir por la lectura, pero me temo que sea más acertado reconocer que no hay peor ciego que el que no quiere ver.
Hace casi diez años, ahora lo he recordado, escribía estas palabras en el documento CórdobaÉtica2mil48 que se puede consultar en la barra de páginas que figura en la cabecera de este blog sobre mis pulsiones literarias y humanas:

Entre las fuentes de mis exiguas experiencias destacan los libros –plácidos “claustros de libertad”; en casos excepcionales, joyas del pensamiento que superan su ineludible carácter de mercancía–. Una forma anárquica de leer, como un atolondrado lepisma, convierte mi lectura en búsqueda y recreación un tanto atípica, que me aparta sin remedio del camino de alcanzar la técnica paciente de la investigación científica. Eso sí, a veces, el momento de la lectura se impregna de un halo místico, como ocurre, por ejemplo, con la fascinación que emana de los fantasmagóricos sucesos de la ciudad de Macondo, que me siento casi trasmigrado a un arcano seno cósmico como arrastrado por cabestros del tiempo, de un modo comparable al de la maraña de reflexiones que provoca la aventura onírica del trópico universal de los “molinos de viento” donde se estrellan todas las utopías, o al estremecimiento radical con que me hiere la poesía del rebelde que grita amable desde las entrañas rotas

Admiro y agradezco el esfuerzo de muchos intelectuales (científicos, filósofos, escritores, artistas, profesores, periodistas, teólogos…), porque lo que he alcanzado a comprender de su pensamiento ha proporcionado más luz y solidez a mi sentido común. No me incomoda en absoluto que mi pensamiento ronde el sincretismo que nace del fundamento existencial del cristianismo, del humanismo y del socialismo, guiado con una  mínima dosis de racionalidad que pasa sin remedio por el tamiz de los sentimientos
Me infunde ánimo la gente honrada de la calle, pero me hiela la facilidad con que mentes malvadas azuzan a esas pacíficas gentes hacia la guerra reavivando los dormidos demonios que todos llevamos dentro. Bendigo al poeta si canta para su pueblo; bendigo a los pueblos si bendicen a sus poetas. Reclamo todo el respeto para quien por cualquier sinrazón se le desprecie por ser diferente. Ante personas altruistas, solidarias y generosas –maxima sapientia– en sus tareas, profesionales o voluntarias, al lado de gentes infelices, siento con frecuencia una íntima conmoción de orgullo humano: Representan la dignidad sin adornos; el paradigma del deseado Homo ethicus.

14 abr. 2014

EL ESPÍRITU DEL REY HEREDIA


En un artículo anterior, hacíamos un extenso relato de la acción social que se estaba desarrollando en el abandonado colegio Rey Heredia. Se dio cuenta de la denuncia del alcalde ante el juzgado pidiendo el desalojo. Pues bien, el pasado martes, día 8 de abril, se hizo público el auto del juez que sentenciaba con la orden de desalojo del colegio en el plazo de un mes. Las lágrimas y la rabia contenida contagiaron a cuantas personas se habían ilusionado con este proyecto solidario.
Se venía comentando que ese espacio abandonado desde hacía más de dos años iba a ser cedido a las cofradías para que instalaran su museo, para exponer sus ricas piezas. ¡Exhibir sus riquezas en un barrio pobre!
Frente a la hipocresía de algunas autoridades, que alardean de ser profundamente religiosas, al tiempo que dan la espalda a los pobres, en el Rey Heredia el que tiene hambre aporta su esfuerzo y colaboración para ganarse el pan dignamente, bebe el que tiene sed, pese a que el alcalde mandó cortar el agua, allí se acoge al que no tiene quien lo escuche, se enseña al que quiere aprender... Allí se ha creado un espacio de fraternidad. Por todo ello y a pesar de que allí confluyen personas de diferentes convicciones y creencias, podemos asegurar que el lugar se ha convertido en algo similar a un espacio evangélico. La respuesta ha sido el desalojo.
Ahora allí ya no hay lágrimas. Allí no hay odio. Allí no hay revancha. Allí no hay victimismo. Allí no ha ocurrido ninguna tragedia. Allí ha tenido lugar algo grande. Durante medio año, personas del pueblo han desarrollado un máster excepcional. Han obtenido el doctorado en lo más noble a que pueden aspirar los seres humanos: Doctorado en solidaridad; Doctorado en generosidad; Doctorado en fraternidad; Doctorado en compañerismo; Doctorado en amistad; Doctorado en esfuerzo por recuperar la dignidad violada.
Todo esto no ha surgido de la nada. Un grupo de hombres y mujeres que en su momento se pusieron al frente de este empeño duro y difícil han conseguido con su esfuerzo y sus sacrificios convertir lo imposible en un milagro del pueblo. Han demostrado que dentro de cada persona hay un genio dormido. Que cuando se da con el resorte adecuado, muchos genios despiertan al unísono para emprender la lucha más apasionante de la especie humana: liberarse del poder injusto. Es el viento del pueblo que, unido, todo lo puede y nada lo detiene. Es una gran hazaña que transforma el espíritu vencido de los pueblos en la fiesta de la fe, de la esperanza, de la amistad y de la alegría al sentirse dueños del propio destino.
Ese espíritu, nacido de la comunidad fraternal del Rey Heredia no puede morir, no va a morir. Este doctorado conseguido a golpes de dignidad obliga a que todos los miembros de esta entusiasta y creciente familia se transformen en los nuevos apóstoles de la Dignidad: la marca indeleble que debe presidir el espíritu del Rey Heredia. Esta semilla tiene que dar el mil por uno. Hay que contagiar a los amigos y amigas, a los vecinos y vecinas. Allí empezó algo increíble. Ahora hay que mantener vivo ese esfuerzo. Las Acampadas Dignidad tienen que entrar en la memoria colectiva de la historia de España por la puerta grande.
Es el momento de que renovadas ideas iluminen el nuevo camino. Ya se han puesto en marcha para que nuevas actividades den continuidad a lo que allí se inició, sea en el Rey Heredia o en donde el futuro depare. Nos atrevemos a colaborar con varias sugerencias:
1.    Se hace un llamamiento a poetas y músicos para que compongan un canto que perpetúe la grandeza del acontecimiento histórico de las Acampadas Dignidad, que desborde sentimientos y refuerce los lazos fraternales.
2.    Se debe iniciar una campaña dirigida al barrio a través de Radio Dignidad, que despierte el genio dormido, se tome conciencia de que muchos de los problemas personales son problemas sociales causados por los políticos que gobiernan en beneficio de los ricos olvidando a los más pobres. Hay que conseguir las mayorías para que el viento del pueblo sea incontenible.
3.    Que cada compañero y compañera refuerce su compromiso desarrollando una especie de apostolado social explicando al mayor número de personas posible lo ocurrido en el Centro Social Rey Heredia, informando, convenciendo y entusiasmando para seguir haciendo camino. Y que cuantos lo hayan entendido sepan difundirlo.
4.    Que, de cara a los tiempos electorales que se avecinan, se ayude a reflexionar sobre las consecuencias de dar el voto a quienes llevan más de 30 años engañando al pueblo y viviendo a su costa.
Pase lo que pase de aquí en adelante, queremos expresar nuestro apoyo a quienes llevan seis meses sacrificando su seguridad personal y su tiempo para hacer posible que se ponga en marcha esta mágica realidad. Son personas generosas que, renunciando a intereses individuales, están luchando para que el pueblo recupere el protagonismo de su voz y la dignidad arrebatada. Aquí lo han conseguido. Han demostrado que, si la mayoría del pueblo lucha con tesón por sus derechos, se puede conseguir: ¡SÍ SE PUEDE!

Puesto que el desalojo parece irreversible, desde el Distrito Sur se acaba de pedir al Ayuntamiento la cesión del edificio para uso social de la asociación. Veremos si se le deniega como en otras ocasiones o esta vez se tienen en cuenta los derechos del pueblo.