27 ene. 2013

Latrogenocidio (y 2)


En artículos anteriores se viene insistiendo en que estas políticas que estamos padeciendo, que acaban colonizando países y esclavizando a ciudadanos, y tienden a acabar siendo latrogenocidas, obedecen a una ideología neocon o neoliberal. Sin dejar de ser esto cierto, una reflexión más profunda nos sugiere otra realidad: la globalización de una conciencia amoral que, desde cualquier poder, impregna las acciones políticas, económicas y sociales, deshumanizando las relaciones de las personas y alejándonos del respeto de los derechos humanos. 

Es también evidente el fracaso del socialismo y otros “ismos”, que –como ocurre con el cristianismo y otras doctrinas e ideologías– se degenera en la práctica casi desde sus orígenes y aplican las mismas estrategias de dominio y desigualdad que los defensores del codicioso sistema capitalista. Los representantes de la ciudadanía acaban usando el poder para legislar y gobernar en beneficio propio y de los de arriba. Un ejemplo más de depravación lo acaba de dar el actual gobierno que prepara una ley para permitir que personajes condenados por delitos puedan dirigir sin ningún problema entidades financieras. ¿Puede haber ciudadanos que soporten estas granujadas tan contentos?

La pregunta clave puede ser: ¿Qué posibilidades tiene el ciudadano para cambiar la situación? El panorama político que ofrecen los partidos es desalentador, porque se alternan en los gobiernos sin cumplir lo prometido en sus programas electorales y, lo que es peor, violan los derechos individuales que proclama la Constitución, utilizan el Estado en su provecho y usan el sistema democrático para legitimarse cada cuatro años. Por lo tanto, ¿sería posible forzar el cambio para restituir el Estado de Derecho? ¿Cómo? ¿Puede el ciudadano engañado cambiar su mentalidad de sumisión del esclavo por una actitud de rebeldía ante la situación ilegítima en que incurre el poder? ¿Se podrán unir cuantas más voluntades mejor para proponer y exigir a través del voto mayoritario un programa justo que refuerce la democracia y tienda a conseguir que se respete la Constitución y los Derechos Humanos? ¿Podría asumir algún partido el compromiso de cumplir dicho programa? ¿Podría, con todas las garantías, recibir el voto de esa mayoría para conseguir un nuevo poder político que estuviera siempre sometido a la vigilancia del pueblo soberano?

Como el actual criterio contrapuesto de los votantes no parece que vaya a cambiar la situación, no habrá solución si una inmensa mayoría de ciudadanos críticos con la deriva del sistema no alcanzan unidos un gran poder democrático –pacífico y mantenido con presión y control permanente– mayor que el de los lobbys que dominan el poder económico mundial. Con ese poder, reflejado en el voto selectivo, ¿el compromiso con los ciudadanos sería burlado tan fácilmente?

Si los ciudadanos comprometidos asumieran el control de su futuro, se podría evitar que, en situaciones insoportables de extrema necesidad, estallara un conflicto social de incalculables proporciones. La historia muestra muchos ejemplos de trágicos acontecimientos en los que siempre acaban siendo las víctimas los más débiles. En otro sentido, la ciudadanía con menos conciencia social, en estas situaciones de crisis, es muy vulnerable a los “cantos de sirena” que le puede llegar de los salvadores de patrias, enemigos de la democracia, como ya ocurre en Grecia, otra víctima de la crisis, con el partido fascista –¡qué maravillosa trampa!– Amanecer Dorado.

En la próxima entrada intentaremos ver si es posible ponerle el cascabel al gato.

3 comentarios:

  1. ¡Me encanta esta nueva entrada!
    Quisiera poner de manifiesto algo que se desprende del texto y la viñeta: en realidad somos mayoría aquellos que somos víctimas de esta situación de injusticia. Solo nuestra unión y nuestra lucha pacífica y activa nos hará salir de esto. Creo que juntos podemos contra tanto sinsentido.

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  2. Magnífica entrada que pone los puntos sobre las íes y llama, sin disimulo, las cosas por su nombre ("granujadas" a la preparación de ciertas leyes).
    También pienso que es alarmante la conciencia amoral que se ha instalado en el poder e indigna aún más, si esto es posible, por el descaro e impunidad con que se realizan estas prácticas.
    Y me pregunto cuánto y hasta cuándo estamos dispuestos a aguantar los ciudadanos.
    Creo, como tú apuntas, que la solución está en la unión de una inmensa mayoría que logre ese poder democrático capaz de frenar la codicia y la amoralidad y haga ver a los políticos que nuestro voto tiene más peso y valor que para usarlo en unas elecciones cada 4 años. Unidos podemos.
    Excelente la elección de la ilustración.

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    1. Como siempre, agradezco a ambas vuestros comentarios, que siempre añaden puntos de vista que refuerzan la intención y los fines propuestos en estos artículos.

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