28 sept. 2012

El cáncer de los tiempos


Todo ser vivo lucha por dominar el medio para perdurar como individuo y como especie.  El ser humano ha llevado ese instinto de lucha más allá de la supervivencia; se ve impulsado por la codicia para dominar el mundo y a sus congéneres: es un cáncer social –con la guerra como su expresión más cruel– que ha ido corroyendo la convivencia frente a los que pretenden la humanización de la especie.

Belicistas frente a pacifistas; conservadores frente a conservacionistas; el bienestar de las élites frente al bien común; el poder oligárquico frente al poder ciudadano; el derecho a la propiedad privada antepuesto a los derechos humanos; la educación con el ideario de los privilegiados frente a la educación cívica; plutocracia frente a democracia.

En el mundo de las creencias religiosas se da la misma bipolarización: teología ortodoxa frente a teología de la liberación; fanatismo frente a espiritualidad humanizante… El poder religioso se hace patente en la posesión de un importante patrimonio material y en una eficaz influencia en las decisiones políticas y en los modelos sociales. Coexisten en contradicción creyentes ricos y creyentes pobres.

Los políticos, cuando convierten a los Estados en defensores de los intereses de los poderosos mientras explotan y reprimen a los ciudadanos, prostituyen su función y pierden toda la legitimidad que las leyes democráticas les otorgan. Pierden su condición de demócratas y se convierten en tiranos: modifican las leyes a su favor con el fin de proveerse de un recurso eficaz para utilizar la información como propaganda para engañar al pueblo y reprimir a quienes se opongan a sus políticas. Se transfieren los recursos económicos del Estado, que los ciudadanos aportan a través de los impuestos y sacrificios extremos e injustos, hacia los bolsillos de bancos, oligopolios y grandes empresas.

Frente a esto, los ciudadanos tienen el derecho y el deber de expulsar a los tiranos del poder. ¿Cómo? La presión de la mayoría de los ciudadanos puede mover montañas. No voy a señalar ningún movimiento porque la experiencia dice que los prejuicios de muchos no van a dejar ver la neutralidad y el sentido común, paralelo al sufrimiento común, que anima a algunos de los colectivos que promueven la reacción de un frente cívico de mayorías. Quien quiera entender que entienda y arrime el hombro.




Se viene insistiendo en que la crisis actual la han provocado los de arriba y la están pagando los de abajo. Eso es un robo que el sistema promueve, protege, bendice y legaliza con el respaldo en las urnas de los electores que no entienden o no quieren entender o se mueven por fobias ideológicas o sufren el síndrome de Estocolmo o de algún modo se benefician del saqueo en perjuicio de la mayoría.

¿Nos gusta que nos roben y nos engañen? Pues los ladrones entran a diario en nuestras casas –quienes las tengan– con alevosía y nocturnidad: nos roban, para solucionarle los problemas que han creado los que más tienen, parte de nuestro mísero salario, cuando lo hay, nos encarecen la cesta de la compra, el gas, la luz, el teléfono, la gasolina… nos reducen prestaciones sociales, nos imponen la privatización de los servicios básicos, nos adoctrinan con la propaganda a través de sus medios y de una educación tendente a asegurar su ideario neocon y desaniman los intentos de reacción por el miedo al contundente aparato represor. Así la voluntad del pueblo soberano queda secuestrada.

Podemos concluir que estas democracias han devenido en representaciones dramáticas en las que La Pobreza representa el papel del destino natural adverso (fatum) con el protagonismo de La Riqueza como don divino (gratia datum). Con un coro que ensalza la gloria y majestad del rico poderoso y otro que gime con amargura la desgracia de los desafortunados. Y ahora nos hacemos la gran pregunta: ¿Seguiremos los agraviados siendo meros espectadores?

También se ha insistido en que estas políticas neocons se han ido imponiendo en occidente a partir de la década de los setenta. Es oportuno adelantar que es en la Escuela de Chicago, con su abanderado el nobel de economía Friedman, donde se forja la política basada en el dogma del control férreo del gasto de un Estado servil, del libre mercado, privatización de lo público, desactivación de la lucha sindical, supresión de la negociación colectiva, del sueldo mínimo y de la protección social, descontrol del sistema económico financiero, reducción de los impuestos a las grandes fortunas, recorte de libertades civiles y endurecimiento de la legislación en materia del orden público y del aparato represor para anular por el miedo la reacción de los ciudadanos contrarios a estas políticas.

¡Vamos, el vivo retrato de lo que nos imponen en esta crisis a los parias de Europa! Políticas siempre justificadas con la misma retahíla: que fomentan el crecimiento y la competitividad –por efecto de la reducción de salarios, no de beneficios–, lo que a la larga producirá riqueza y empleo. ¿Les suena? Esto lleva a que el Estado abandone las políticas para reducir la desigualdad social y contribuya –como venimos repitiendo– a acelerar el enriquecimiento progresivo de una minoría y el empobrecimiento radical de la mayoría. De estas políticas se seguirá reflexionando en el siguiente artículo por si fuéramos capaces de parar este saqueo.

3 comentarios:

  1. ¡Interesantísima entrada!
    Describe perfectamente el estado actual de nuestra sociedad y de los ciudadanos que la formamos.
    Es muy ilustrativa esa representación metafórica -y no tan metafórica- del "arriba y abajo" que hoy se nos muestra en toda su crudeza, como en una tragedia griega. Debemos romper ese círculo fatídico, y el primer paso es abrir los ojos y unirnos, porque solo eso nos hará fuertes.
    Yo creo que podemos y debemos conseguirlo.

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  2. Excelente entrada que clarifica con total nitidez la situación económico-social que estamos padeciendo.
    Muy acertadas y elocuentes las ilustraciones.
    A la pregunta: si seguiremos los agraviados como espectadores, tenemos que responder ¡NO! Entre otras muchas razones:
    Porque es totalmente injusto lo que está sucediendo.
    Porque queremos ejercer nuestro derecho y cumplir nuestro deber de expulsar a los políticos que prostituyen su función.
    Porque no podemos dejar que Rajoy se apropie de nuestro silencio e inmovilismo, interpretando que somos personas modélicas que comprenden y aceptan sus “políticas neocon” que tan devastadoras están siendo para la mayoría de los ciudadanos. (No quiero ser buena ciudadana según Rajoy, sino porque defiendo y lucho por una “sociedad más justa y del bien común”)
    Porque tenemos que rebelarnos contra la política del miedo que se está implantando (reprimir en lo económico y en lo policial lo hace el Gobierno “de maravilla”)
    Porque ya está bien de beneficiar y proteger a la minoría poderosa mientras se exprime y asfixia a la mayoría.
    Porque…….Por tantos y tantos porqués tenemos que ser “actores”, no espectadores. Unirnos formando un frente cívico mayoritario que consiga cambiar la realidad actual tan notablemente injusta. ¡Unidos podemos!

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    1. P.y A.

      Enhorabuena a ambas porque habéis sintetizado en pocas palabras lo que yo he pretendido decir en esta entrada: "abrir los ojos y unirnos" porque ¡unidos podemos!
      Después de comprender las causas de la crisis hay que ser "actores" y "romper ese círculo fatídico" para que esa mayoría silenciosa demuestre que no acepta tanta injusticia.

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