19 ene. 2012

La verdadera Historia de las Cosas (2)


Como son evidentes los efectos positivos que se derivan del consumo –brevemente expuestos en la entrada anterior– propongo avanzar un poco más en este empeño por descubrir los efectos negativos que puede haber en el origen, en la comercialización y en el desecho de los múltiples productos que consumimos o poseemos, de los que disfrutamos habitualmente por necesidad o por cualquier otra motivación.

En la actualidad, a los sesenta y tres años de declarar y reconocer los derechos individuales de todos los seres humanos, aún sigue siendo una triste realidad la explotación del hombre –con frecuencia niños– por el hombre, en condiciones propias de un sistema esclavista. Las consecuencias son la perpetuación de la pobreza en las regiones del mundo menos desarrolladas cuando, paradójicamente, la producción mundial de recursos y riqueza aumentan. Bajo la piel de la postmodernidad, persiste en lo más íntimo del ser humano la misma incertidumbre de lo antiguo. Sobran las mismas lágrimas, el mismo sufrimiento, el mismo odio. Con la revolución de la técnica, ¿qué ha mejorado en la convivencia? (Leer en la barra de páginas CórdobaÉtica2mil48. Cap. 3, Las torpezas del homo sapiens. ¿Avanzamos?)

Otro efecto indeseable  es el agotamiento de los recursos, de las materias primas y de las fuentes de energía porque se está esquilmando desenfrenadamente la naturaleza en beneficio de las minorías que ostentan el poder sobre el planeta. En este sentido, el último encuentro internacional en la cumbre de Durban para poner freno al cambio climático ha sido un triste desencuentro. 

Tampoco es una buena noticia el que, si se aprueba la nueva ley brasileña, se puedan poner en peligro 79 millones de hectáreas de selva amazónica, el pulmón vegetal más importante del planeta. Ni hay que olvidar la impotencia o falta de voluntad política para resolver el gravísimo problema de la acumulación de todo tipo de residuos, en especial los radiactivos.

Lo peor de todo es que la ceguera que practican las grandes potencias, lacayos de las multinacionales en la búsqueda sin control de beneficios, nos está llevando a un peligroso punto sin retorno, lo que hace unos años llamaba situación protoirreversible (CórdobaEtica2mil48. Cap. citado). Mientras, en el llamado tercer mundo, se están elaborando los productos a bajísimos precios a costa de la explotación en condiciones inhumanas de las poblaciones más pobres.

Quizás convenga saber, si queremos poner remedio a esta locura, que a todo ello contribuye, de un modo casi siempre inconsciente e inducido, la obsesión consumista del mundo desarrollado. Tal vez un consumo más razonable podría poner freno a esta grave situación.
Continuará…

4 comentarios:

  1. ¡Nueva y acertadísima entrada! Esta vez se ve la cara más negativa del consumismo. Las multinacionales, los gobiernos a ellas sujetos, y nuestra tradición capitalista nos hacen dejarnos llevar y someternos a los mercados. Pero nos queda lo que verdaderamente es más humano -señalado también en la entrada-: el espíritu crítico, eso es lo que nos hace tener esperanza en un futuro mejor. Yo tengo esperanza, y entre todos podemos cambiar esta situación. Saludos, y ¡mucho ánimo a todos y a todas! El esfuerzo merece la pena.

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  2. Paso a paso, sin parar, sin desánimo, con espíritu crítico, sin conformarnos con lo que quieran hacernos ver, sin renunciar a nuestro derecho a decidir libremente, algo se conseguirá.

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  3. Como siempre, tus entradas nos hacen reflexionar, y mucho.
    Sabemos que las multinacionales están inmersas en una espiral de más y más beneficios. Su "ética" se basa en la máxima ganancia incluso a costa del dolor de millones de personas -niños y adultos- el deterioro del medio ambiente, de la Naturaleza o el cambio climático.(Suprema riqueza frente extrema pobreza).
    Y los gobiernos, súbditos sumisos del "capital", no urgen estrategias para solucionar estos graves problemas.
    Se nos decía que los alimentos transgénicos servirían para paliar las grandes hambrunas. ¿Cuándo?. Sus fines han sido otros, de sobra conocidos.
    Se nos dice que la energía nuclear es buena y deseable porque es limpia. ¿Y los residuos que genera, qué?. ¿Acaso no son limpias las energías solar o eólica y mucho más seguras? ¿Por qué no se investiga y se trabaja más con ellas?.
    En ocasiones, nos sentimos como metidos en un carrusel que gira y gira sin parar y del que la "inercia interesada de los capitales" nos impide apearnos.
    Pero haciendo uso del espíritu crítico al que tanto tú como Puri de Córdoba, en su comentario, aludís, quizás una fuerza contra esa inercia sea salirnos de la ola incontrolada de consumo a la que nos quieren llevar. Esto lo podemos hacer todos. Espero que el hombre, con todas sus deficiencias, sepa dar solución positiva a los distintos problemas.
    Saludos

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  4. A Alondra:
    Poco se puede añadir a lo que comentas. ¡Qué difícil resulta saltar de ese carrusel o escapar de la ola! Ya se lo comentaba a Puri: "Paso a paso" y claro cuantos más lo intentemos, más fácil será.

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