10 dic. 2011

Las desigualdades sociales en Córdoba

Hoy, día 10 de diciembre de 2011, se cumplen sesenta y tres años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Uno de los derechos fundamentales es el de la educación. Estos artículos están relacionados con los derechos sociales, económicos y culturales:

Artículo 22
Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad.

Artículo 26
1. Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción elemental será obligatoria. La instrucción técnica y profesional habrá de ser generalizada…
2. La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos...

Nuestra Constitución "garantiza" una educación integral, universal, gratuita y obligatoria para todos los ciudadanos. Y las sucesivas leyes del sistema educativo pretenden el mismo objetivo. Pero la realidad demuestra que la educación sigue discriminando a los que parten desde peores situaciones socio-económicas. En esta hora de crisis y tribulaciones globales, ¿quién se ocupa de que se cumplan los derechos humanos en los que siempre lo pasan mal en nuestras ciudades?


  LOS DESAMPARADOS  

Brutal lenguaje de puños armados,
alevines de Caín inconscientes,
reflejan sus pupilas relucientes
infiernos de sus lechos calcinados.

Asoman cada día repeinados,
con efímera tregua entre los dientes
y con sus mudas caras inocentes
te piden el milagro confiados

Cambias pedagogía por ternura,
desterrando el amargo desaliento
y se llena de magia la mañana.

El aula se te inunda de frescura
y buscas desconfiado del momento
si un ángel te ayudó por la ventana.
                                                 JCH. 2000


La situación de extrema pobreza de los barrios marginados supone vidas destrozadas por el dolor y el sufrimiento diario; soportan la adversidad con increíble resignación; y, como en tantas ocasiones, es la mujer –con frecuencia más dócil– la que, con increíble resistencia, afronta su destino en la más absoluta soledad. Personas humildes padecen con demasiada frecuencia toda clase de humillaciones por parte de familiares y vecinos, especialmente violentos, con trastornos de la conducta, afectados por la drogadicción o que, en su caso, no han podido superar su situación de maltratados por la sociedad, convirtiéndose a su vez en maltratadores.
Aunque esté presente la delincuencia, esta no es la forma habitual de resolver los problemas de la mayoría de los habitantes de estas barriadas. Con la minoría violenta  conviven gentes honradas que aceptan resignadas su mala suerte. Las situaciones de extrema dificultad para la promoción personal no determinan el futuro de todos. Lo prueban los muchos casos de individuos que lo han conseguido, probablemente porque ellos sí encontraron su oportunidad de “escapar” del entorno, aunque, por lo común, sin influir para que las condiciones del barrio mejoren.

No es tan fácil conseguirlo porque las carencias son múltiples: viviendas infrahumanas, paro, laxitud de los vínculos familiares, vecinales y sociales, deficiente educación, falta de estímulos, droga, ambiente hostil, agresivo y violento… Hay grupos de voluntarios que se organizan para mejorar su forma de vida. Colegios y parroquias suelen liderar estas acciones. La actuación social de las instituciones ayuda en la misma dirección. Pero ese esfuerzo resulta insuficiente porque no consiguen superar la histórica barrera de las injustas desigualdades sociales, quedando atrapados en ese círculo vicioso.

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Los mecanismos de rechazo, que se desarrollan desde la infancia, de todo lo que viene de fuera dificultan cualquier actuación.

La vivencia del barrio implica sentirse parte del mismo, percibir sus carencias y diferencias con respecto a otras zonas de la ciudad, pero se adolece de estímulo para construir una conciencia colectiva que inicie su superación.

Sentir inconscientemente la diferencia propia de los inadaptados, provoca que estos rechacen casi sistemáticamente todo lo que les venga de fuera. Sufren lo exterior, que normalmente es represivo. Los excluidos ven a los otros como intrusos, como enemigos. Suelen identificar la otra sociedad “normal” con la policía. El rechazo alcanza por extensión a los maestros, trabajadores y educadores sociales, lo que influye de forma negativa en la educación de la infancia. La expresión agresiva y de rechazo es un mecanismo defensivo absolutamente natural. Son tan reacios a aceptar el estatus social estándar como un animal salvaje a la domesticación. Así, la impronta de la minoría violenta acaba contaminando el carácter social del barrio.

La cultura es el producto de un proceso lento de convencionalismos más o menos conscientes que deberían facilitar la convivencia de los diferentes. Pero del disfrute de esa tradición no participan los excluidos. Por lo tanto la tarea para conseguir la inclusión debe ir acompañada de un horizonte de cambio de ambas realidades: de una sociedad que excluye de derechos a una parte de sus congéneres menos afortunados y de estos mismos grupos sociales que no tienen oportunidad de salir de sus miserias. Tienen derecho al acceso a la cultura, pero a otra cultura más justa, porque la del consumismo ya ha hecho con ellos “un buen trabajo”.

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Toda actuación para liberar a estas personas de su situación ha de pasar necesariamente por conseguir que recuperen su sentido de la dignidad. No se trata solo de perseguir la delincuencia; ni solo de dotarlos de una vivienda y un entorno dignos; ni solo de conseguirles trabajo –poco cualificado casi siempre–  y escolarización.

El buen camino consiste en despertar de algún modo la conciencia colectiva de su situación y ayudarlos a que sean ellos mismos los protagonistas del cambio. El apoyo de las instituciones debe basarse en facilitar los medios humanos y materiales para que esto sea posible, porque la libertad solo se entiende si ayudamos a rompen las cadenas de la desigualdad.

Desde mi punto de vista, la escuela tiene un papel fundamental en este empeño. Si se limita a ser una “isla educativa” que trasmite cultura “oficial” sin más compromiso, su eficacia en la transformación de la realidad del entorno es muy escasa. En cambio, si la escuela toma conciencia y actúa, como parte afectada por la situación, para implicar a la comunidad en la tarea de conseguir la reeducación integral de todas las personas de tal modo que las haga analizar sus injustas condiciones de vida y planificar acciones para mejorarlas, la motivación, el entusiasmo y el esfuerzo colectivo allanarán el camino de la convivencia, surgirán más oportunidades y recuperarán la dignidad vulnerada.

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Más que dotarse de una pedagogía que transforme la realidad del entorno social desde una posición de privilegio, la eficacia vendrá de la mano de agentes de la docencia, bien seleccionados por su vocación y competencia, que se identifiquen con los problemas del barrio y que, junto con los vecinos más comprometidos, se ganen la confianza de sus gentes y los guíen en su proceso de liberación hasta conseguir que valoren la educación como instrumento de promoción personal y para participar en la construcción de una sociedad más justa.


“Bendigo al poeta si canta para su pueblo; bendigo a los pueblos si bendicen a sus poetas. Reclamo todo el respeto para quien por cualquier sinrazón se le desprecie por ser diferente. Ante personas altruistas, solidarias y generosas –maxima sapientia– en sus tareas, profesionales o voluntarias, al lado de gentes infelices, siento con frecuencia una íntima conmoción de orgullo humano: Representan la dignidad sin adornos; el paradigma del deseado Homo ethicus.”
(De “CórdobaÉtica2mil48”. Capítulo 01. Consultar en la barra de arriba).



Aunque no se pueda decir que todo es blanco o negro, conozco ejemplos que  ejercen la acción educativa en barrios marginados desde polos opuestos. Me limitaré a describir los hechos en próximas entradas.

4 comentarios:

  1. Estupenda entrada en el día en que se conmemora la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Estos derechos que demasiadas veces, y también en nuestra tierra, siguen sin cumplirse. Precioso también el poema a los Desamparados. Juntos podemos hacer un mundo mejor, y yo creo que lo estamos consiguiendo, sólo hace falta que no nos desanimemos, y que tengamos esperanza. Desde nuestra ciudad podemos hacer mucho. Ánimo para todos en esta tarea.

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  2. PdC:
    Sigo agradeciéndote tu interés por los temas de este blog y los comentarios tan constructivos y estimulantes que envías.

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  3. Por supuesto,la acción educativa es fundamental para redimir a los barrios marginados,pero no una educación "acomodaticia"(que existe)que dice: "estas gentes son así y hay que dejarlas",sino una educación COMPROMETIDA(que también existe)que dice:son así,pero TENEMOS que PROMOCIONARLOS. En Madrid se han elegido a unos profesores para enseñar a unos alumnos seleccionados entre los mejores y formar un bachillerato selectivo. Y pregunto:¿por qué no se seleccionan profesores que se impliquen en la lucha por ayudar a los barrios marginados a salir de la situación en que se encuentran? ¿Es que los más pobres y desheredados solo tienen derecho a asfixiarse en sus problemas,penurias y miserias? Espero que en un futuro no lejano, se dé una respuesta positiva a estas interrogantes. Ah¡,precioso el poema de los desamparados y muy bueno y agudo el humor de las viñetas.
    Alondra.

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  4. Alondra:son tan profundas y acertadas tus reflexiones, que merecen protagonizar el post y éste convertirse en comentario.
    En cuanto a tus interrogantes, ojalá tengan una respuesta positiva pronto.
    Y gracias por los inmerecidos elogios sobre la poesía y las viñetas.

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